Dormir menos de lo necesario no solo puede dejarte cansado al día siguiente. La falta de sueño también puede alterar la forma en que el organismo regula el hambre, el consumo de energía y algunas funciones metabólicas, haciendo más difícil mantener un equilibrio saludable.
Diversos estudios han observado que cuando las personas duermen poco tienden a sentir más hambre y a consumir más calorías. En un metaanálisis de ensayos controlados, la restricción del sueño se relacionó con un aumento del apetito y con un consumo adicional de aproximadamente 250 a 385 calorías al día.
Esto ayuda a entender por qué alguien puede seguir una alimentación aparentemente adecuada y, aun así, tener más dificultades para controlar su peso cuando duerme mal. El problema no sería simplemente “comer demasiado”, sino que el sueño también influye en las señales que regulan el apetito y el balance energético.
La idea de que el cuerpo convierte automáticamente todos los alimentos en grasa por dormir poco es exagerada. Sin embargo, dormir de forma insuficiente sí puede crear un entorno metabólico que favorezca el aumento de peso con el tiempo, especialmente cuando se combina con una alimentación desequilibrada y poca actividad física.
Dormir bien, por tanto, no es un detalle menor cuando se busca cuidar el metabolismo y mantener un peso saludable. La alimentación importa, pero el descanso también forma parte de la ecuación.
Fuente: Infoviral Plus, Zhu B. et al., Sleep Medicine Reviews (2019).
DOI: 10.1016/j.smrv.2019.02.002















