Sobre el papel, viejos amigos inspirados en los mismos valores. En realidad, poco más que conocidos con un océano que los divide sobre Ucrania.
Ocho años desde la última vez, los líderes de la Unión Europea, América Latina y el Caribe se han reunido en Bruselas.
Y es que, a pesar de un nuevo plan de inversión de 45.000 millones de euros lanzado por la Comisión Europea, las tensiones entre los 48 jefes de Estado y de Gobierno de los dos continentes se han manifestado por el apoyo a Kiev.
El líder más esperado, el brasileño Lula da Silva, encendió la mecha, haciendo gala una vez más de su adagio sobre la agresión de Rusia: «basta» de financiar la maquinaria de guerra, culpable de solo traer «pobreza y hambre» al mundo, el único camino es un «alto el fuego inmediato» para llegar a «una paz negociada».
Con los sherpas ocupados durante días tratando -hasta ahora en vano- de que se incluya la guerra en Ucrania entre las conclusiones que deberán firmar los líderes al final de la cumbre de dos días, los representantes de la UE y la CELAC se reunieron en el Edificio Europa con varias ausencias.
Además de los jefes de gobierno de Estonia y Eslovenia, faltaba una decena de mandatarios sudamericanos, comenzando por los dos partidarios de Vladimir Putin en el continente: el de Nicaragua, Daniel Ortega, y el de Venezuela, Nicolás Maduro, quienes enviaron a Bruselas a su canciller y a su vicepresidente ejecutivo.
Quién marcó el camino a los países de la CELAC fue el actual presidente de la Comunidad, el primer ministro de San Vicente y Granadinas, Ralph Goncalves, que advirtió que para que no se elimine del documento final el párrafo sobre la guerra en Ucrania hace falta una «diplomacia madura» «un lenguaje de consenso que pueda involucrar a todos».
También por este motivo se evitó la presencia -pensada a través de un enlace de video- del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky.
Un lenguaje que, sin embargo, cuando le tocó el turno, Lula no dulcificó. «Se han gastado dos mil millones de euros para financiar esta maquinaria de guerra que solo trae muerte, destrucción y aún más hambre. Esta cumbre UE-CELAC es una forma de decir basta» y «promover otro mundo», fueron sus palabras.
Una recriminación en completa antítesis con el apoyo «inquebrantable» de la UE a Kiev y la voluntad occidental, como expresó el canciller alemán Olaf Scholz, de «convencer a los más escépticos» de las repercusiones que la guerra desatada por el Kremlin está teniendo «sobre el resto del mundo».
Posiciones lejanas que las delegaciones intentarán ahora acercar para acordar un texto final en el que, es la esperanza de América Latina, también habrá «una referencia a la justicia restaurativa por los genocidios de los nativos americanos y la esclavitud de los africanos» perpetrados por los europeos.
Sin convergencia política, la única certeza que parece surgir de la cumbre es la nueva asociación totalmente económica lanzada por la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, bajo el lema Global Gateway, la estrategia alternativa a la nueva Ruta de la Seda china.
Bruselas acudió a la cita para arrebatar de las garras de China a «viejos amigos» animados por los «mismos valores» de América Latina -sobre todo en materia de materias primas raras- con un proyecto de inversión superior a los 45.000 millones (135 ya están en marcha), desde hidrógeno verde hasta energías renovables, desde la expansión de la red de cable de datos de alto rendimiento hasta la producción de las vacunas de ARNm más avanzadas.
Pero, si no hay dudas sobre la importancia de la red comercial UE-CELAC -es una de las más densas del mundo, con un comercio bilateral de bienes y servicios por valor de 369.000 millones de euros el año pasado- otra sombra sigue cerniéndose sobre las relaciones entre los dos continentes: la firma del conflictivo acuerdo sobre el Mercosur.
Cuando en marzo se pensaba que en la cumbre podría firmarse, ahora parece inevitable que se vuelva a discutir hasta finales de año. Con un nudo aún por resolver: el equilibrio entre economía, comercio justo y sostenibilidad medioambiental. (ANSA).















