Quindim era apenas una cría cuando el tráfico de fauna lo arrancó de su vida silvestre.
Posterirmente, terminó en manos de Rafael Carneiro, veterinario de animales silvestres en la Baixada Santista, Brasil, que lo crió casi desde el cascarón. Según un artículo de upsoclsabores, todo parecía estable hasta que una guacamaya, durante un cambio de recinto, le destrozó el pico.
Más tarde, vino la hemorragia, después la anemia, después una infección bacteriana que casi lo mata. Durante dos meses el equipo veterinario solo peleó por mantenerlo con vida, sin siquiera pensar todavía en reconstruir nada.
De este modo, cuando Quindim se estabilizó, un equipo de especialistas diseñó una prótesis de pico a medida con impresión 3D y se la implantaron quirúrgicamente. Pero tener el pico nuevo no alcanzaba: tuvo que aprender a usarlo desde cero, como quien reaprende a caminar.
Meses después, frente a Rafael, tomó comida y comió completamente solo por primera vez. Rafael lloró. Quindim probablemente nunca podrá volver a la naturaleza, pero ese día recuperó algo que nadie pensó que le quedaba: su independencia.















