La ofensiva rusa en Ucrania entró en una etapa que apuesta a la táctica del desgaste, pues el avance sobre el terreno se ralentizó, para permitir el descanso y la reorganización de las tropas, aunque continúan las incursiones en Donetsk y en otras zonas del país, en las que los invasores destruyen intencionalmente los cultivos de trigo y graneros.
En tanto, las fuerzas de defensa permanecen en alerta máxima, preparándose para contener la nueva ola gracias a las nuevas armas que llegan de los Estados Unidos.
De hecho, el Pentágono anunció ayuda militar adicional por valor un 400 millones de dólares.
«Toda la línea del frente está bajo bombardeo constante», confirmó el gobernador ucraniano de Donetsk, Pavlo Kyrylenko, informando que los ataques desde el aire y con artillería alcanzaron todos los principales centros de población, Bakhmut, Sloviansk y Kramatorsk.
En Druzhkivka, al sur de la capital del distrito, un misil cavó un cráter frente a un supermercado.
Además, se informó daños en un hospital, en varios edificios residenciales y en un parque infantil.
Las bombas rusas cayeron sobre la región nororiental de Kharkiv -4 heridos según informaron las autoridades- y sobre Mikolaiv en el sur, alcanzando dos estaciones de tren y algunas casas. Ahí hubo más de 20 heridos en 24 horas.
En Kryvy Rig, la ciudad natal del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, las redadas dejaron al menos un muerto y dos heridos.
Según Moscú, se infligieron daños significativos al Ejército y al armamento ucranianos.
Kiev, por su parte, denunció que el enemigo está destruyendo «intencionalmente» cultivos y graneros en Kherson, al lanzar balas incendiarias e impidiendo que la población apague los incendios.
Por otro lado, no se reportaron nuevos asaltos por parte de las tropas invasoras.
Según analistas estadounidenses, los sobrevivientes de las largas batallas en Lugansk -que costaron grandes pérdidas en ambos frentes- necesitan recuperar fuerzas y recibir suministros antes de lanzar otra ofensiva a gran escala.
El grupo de expertos ISW lo llama una «pausa operativa», con ataques a objetivos «más localizados» que involucren a menos soldados..
La pausa también se aprovecha para reunir otros vehículos blindados para el avance terrestre, pero el gobierno británico cree que el arsenal que queda a disposición del Ejército tras el esfuerzo enfrentado hasta ahora es «obsoleto e inadecuado».
Efectivamente, Londres estima, por ejemplo, que los rusos se verán obligados a utilizar vehículos MT-LB, diseñados en la década de 1950, con un blindaje «muy limitado».
El mismo presidente ruso, Vladimir Putin, al anunciar en los últimos días la conversión de sectores industriales enteros a la producción bélica, admitió una escasez de armas y municiones.
Por el contrario, Kiev sigue recibiendo cada vez más armamento moderno.
El Pentágono anunció el envío de un nuevo paquete de ayuda militar de 400 millones de dólares, que incluye cuatro lanzacohetes Himars adicionales de gran eficacia y aproximadamente 1.000 proyectiles de artillería de 155 mm, que tienen mayor precisión.
También están en camino vehículos tácticos, sistemas de radar, repuestos y otros equipos.
Mientras que alrededor de 10 mil soldados ucranianos llegaron al Reino Unido para ser entrenados en combate.
Sólo en las últimas tres semanas, Estados Unidos proporcionó 2,2 mil millones de dólares en asistencia de seguridad a Ucrania, y 8 mil millones desde el comienzo de la presidencia de Joe Biden.
Y a Moscú, por supuesto, no le agrada esa decisión. «Detrás de esta decisión -dijo la Embajada en Washington- está el deseo desenfrenado de prolongar el conflicto a toda costa, para compensar las pérdidas crecientes de las fuerzas armadas ucranianas». (ANSA).















