Investigaciones recientes publicadas en Nature Genetics, según Tu cerebro digital, han revelado que la historia del Homo sapiens es mucho más interconectada de lo que se pensaba. Nuestros ancestros se cruzaron con al menos tres linajes distintos de denisovanos, una especie de homínidos extinta descubierta en 2010 en Siberia.
Este mestizaje no fue un evento único, sino una serie de encuentros complejos que ocurrieron en diferentes regiones. Mientras que las poblaciones de Oceanía y Papúa conservan hasta un 5% de ADN denisovano, otros rastros se encuentran en Asia Oriental e incluso en indígenas americanos. Estos encuentros proporcionaron ventajas evolutivas críticas:
Adaptación a la altura: El gen EPAS1, heredado de los denisovanos, permite a las poblaciones tibetanas sobrevivir con niveles bajos de oxígeno.
Resistencia al frío: Los inuit de Groenlandia poseen el haplotipo TBX15/WARS2, que facilita el metabolismo de las grasas para generar calor corporal en climas árticos.
Este estudio demuestra que nuestra resiliencia y diversidad actual son el resultado de una antigua red de relaciones entre distintas especies humanas que compartieron Eurasia durante milenios.















