En medio del polvo, el metal retorcido y el silencio roto solo por el zumbido de herramientas manuales y el eco lejano de réplicas, un haz de esperanza surgió este jueves en Catia La Mar, estado La Guaira.
Hernán Alberto Gil Flores, vigilante de 44 años, fue extraído con vida del sótano del Centro Comercial Galerías Playa Grande, donde permaneció sepultado durante ocho días tras los devastadores terremotos del 24 de junio.
El rescate, calificado como “milagro” por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, representó un triunfo de la solidaridad internacional. Siete países —Chile, Estados Unidos, Portugal, México, Costa Rica, Venezuela y El Salvador— unieron sus fuerzas en una operación que desafió la inestabilidad del terreno, los constantes desprendimientos y el riesgo permanente de nuevos colapsos.
Según los rescatistas, Gil se refugió bajo un escritorio en la caseta de vigilancia donde trabajaba, el cual le sirvió de escudo, y fue protegido por una gran losa de concreto que cayó sobre el lugar, creando un espacio que lo mantuvo con vida durante los días de búsqueda.
El equipo salvadoreño lideró la compleja maniobra de perforación y apertura de túneles a través de toneladas de concreto y escombros, trabajando más de 72 horas consecutivas bajo condiciones extremas.
Con precisión quirúrgica, los rescatistas estabilizaron estructuras, removieron escombros con cinceles y herramientas manuales y lograron establecer contacto con Gil Flores. Le suministraron agua y monitorearon su estado mientras avanzaban centímetro a centímetro hacia la garita de vigilancia donde el hombre había quedado atrapado. Su resiliencia —resistir una semana en un espacio reducido, con escasos recursos y rodeado de toneladas de material inestable— conmovió a todos los involucrados.
Los rescatistas trabajaron sin interrupción, proporcionando agua y oxígeno al sobreviviente mediante sondas y tubos mientras retiraban los escombros.
En la fase final de la operación, unas 30 personas trabajaron en el estacionamiento del edificio para retirar los escombros, mientras dos rescatistas excavaban un túnel de tres metros para llegar hasta Gil.
Minutos antes de encontrarlo, el equipo utilizó un martillo neumático para romper la última capa de concreto, tras detectar el riesgo de colapso de una estructura adyacente.
Gil fue sacado en camilla y llevado a un hospital en Caracas para recibir atención médica.
El rescate de Gil Flores inyecta un rayo de luz en la tragedia que sacude a Venezuela. Mientras miles de familias siguen buscando a sus seres queridos entre las ruinas, esta historia de supervivencia y cooperación global recuerda que, incluso bajo las capas más oscuras de escombros, la vida y la solidaridad humana pueden abrirse paso.
Los equipos continúan las labores de búsqueda, aunque ya algunos han comenzado a replegarse para regresar a sus países, dado el tiempo transcurrido.
Los terremotos del 24 de junio en Venezuela tuvieron magnitudes de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter y dejaron al menos 2300 muertos, una cifra que se espera que aumente a medida que los rescatistas recuperan cuerpos de entre los escombros.
En La Guaira, el estado más afectado, decenas de edificios destruidos lucen una gran letra D pintada con aerosol. Significa «fallecido», según la nomenclatura internacional para operaciones de búsqueda y rescate durante terremotos. Una letra que aniquila cualquier esperanza de encontrar sobrevivientes bajo los escombros.
El miércoles, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró siete días de duelo nacional «en homenaje a la memoria de las víctimas». La cifra de fallecidos se ha revisado al alza, llegando a 2.295 muertos y más de 11.000 heridos, según el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en comparación con los poco menos de 2.000 reportados el martes. © ANSA















