La estimulación con agua fría se ha utilizado en diversas técnicas de manejo de la ansiedad y el pánico debido a un reflejo del cuerpo humano conocido como el «reflejo de inmersión». Cuando el agua fría entra en contacto con el rostro —especialmente alrededor de los ojos y las mejillas—, puede ralentizar el ritmo cardíaco y activar el sistema nervioso parasimpático.
Esta respuesta ayuda a sacar al cuerpo de un estado de estrés agudo y puede mitigar síntomas como el ritmo cardíaco acelerado, la falta de aire y las sensaciones de pánico. En ocasiones, los terapeutas recomiendan el uso de agua fría o hielo como parte de las estrategias de «anclaje» (grounding) durante episodios intensos de ansiedad.
Si bien salpicarse el rostro con agua fría puede no detener por completo un ataque de pánico en todos los casos, sí puede ayudar a interrumpir la respuesta de estrés y hacer que los síntomas resulten más manejables en ese preciso momento.















