Las moscas no tienen la capacidad de morder ni de masticar los alimentos como lo hacemos los humanos. Por eso utilizan un mecanismo muy particular para poder alimentarse: primero expulsan una sustancia digestiva sobre la comida.
En otras palabras, depositan una mezcla de saliva y enzimas que comienza a descomponer el alimento casi de inmediato. Esto les permite transformarlo en una especie de líquido que luego pueden absorber fácilmente.
Todo este proceso ocurre con gran rapidez, por lo que normalmente pasa desapercibido. En cuestión de segundos, la superficie del alimento ya puede tener una capa microscópica de esa sustancia.
Pero el problema no termina ahí.
Mientras se alimentan, también pueden dejar otros residuos como restos de lo que habían ingerido previamente, bacterias y pequeñas gotas contaminadas provenientes de su sistema digestivo. Esos microorganismos pueden quedar en la comida sin que lo notes.
Hay que recordar que una mosca pudo haber estado apenas unos momentos antes en lugares como basura, drenajes, heces, carne en descomposición o incluso animales muertos… y luego terminar directamente sobre tu plato.
Por eso, la próxima vez que una mosca se pose sobre tu comida, aunque sea por unos segundos, tenlo presente: no solo tocó tu alimento… también pudo haber dejado residuos sobre él.
Comparte esta información para que más personas conozcan lo que realmente puede ocurrir.
La imagen fue creada con fines ilustrativos y no corresponde a una fotografía real.
FUENTES VERIFICABLES : Organización Mundial de la Salud – World Health Organization















