El agujero de la capa de ozono se está cerrando gracias a la reducción de los CFC, los gases clorofluorocarbonados utilizados también como refrigerantes en los antiguos frigoríficos, que fueron prohibidos en 1987.
A pesar de la gran variabilidad estacional de la capa de ozono, debida también a los fenómenos meteorológicos o a los gases de efecto invernadero, los esfuerzos internacionales han rendido sus frutos.
Así lo demuestra un estudio dirigido por Peidong Wang, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y publicado por la revista Nature.
«Es el primer estudio capaz de cuantificar claramente la recuperación del agujero de ozono», señala Susan Solomon, del MIT, una de las autoras del estudio que ha podido medir con precisión el impacto de la eliminación del Cfc en la atmósfera.
En 1985, un grupo de científicos descubrió sobre la Antártida la existencia de una especie de agujero en la fina capa de ozono que envuelve la Tierra en la llamada estratosfera, a entre 15 y 50 kilómetros de altura.
Compuesto por la unión de tres átomos de oxígeno, el ozono es una molécula fundamental para la vida en el planeta porque forma un filtro capaz de bloquear gran parte de la peligrosa radiación ultravioleta, rayos que causan daños a las células y al ADN.
Un descubrimiento que muy pronto impulsó a todos los gobiernos, gracias a un acuerdo firmado en 1987 en Montreal (Canadá), a prohibir los CFC, utilizados en particular como refrigerante en los antiguos frigoríficos, que se creían la causa principal del agotamiento de la capa de ozono.
Sin embargo, la cantidad de ozono es muy variable porque puede verse modificada por fenómenos meteorológicos a gran escala como El Niño y otras moléculas como el metano y el CO2, por lo que ha sido difícil demostrar el impacto real de estas acciones en los últimos años.
«La atmósfera tiene una variabilidad realmente caótica en su interior», explica Solomon.
Pero ahora, informa el estudio, nuevas y sofisticadas simulaciones han permitido conocer con certeza el peso de los distintos factores que influyen en la presencia de ozono y determinar así el importante impacto de la prohibición de los CFC a lo largo del tiempo. ©ANSA















