A un año de haber regresado a la Casa Blanca, Donald Trump enfrenta una seguidilla de siete derrotas electorales consecutivas que encendieron alarmas dentro del Partido Republicano. El último golpe llegó desde Luisiana, donde la demócrata Chasity Martínez ganó con el 62% en un distrito que en 2024 había respaldado al líder republicano por 13 puntos.
La caída se suma a otro revés reciente en Texas, histórico bastión conservador, y a derrotas en gobernaciones y alcaldías clave. Desde el inicio del nuevo mandato, los demócratas recuperaron ocho distritos en manos republicanas mediante elecciones especiales y sumaron bancas en estados estratégicos. Los republicanos, en cambio, no lograron revertir ninguna.
El deterioro electoral, según lo analizado por Somos Crítica coincide con una desaprobación presidencial que oscila entre el 56% y el 63%, según encuestas difundidas incluso por medios afines. La economía sigue siendo una preocupación central para el 70% de los estadounidenses, mientras que las redadas migratorias del ICE y episodios de violencia policial detonaron protestas masivas y tensaron la relación con votantes latinos.
En el Capitolio ya se habla en voz baja de un posible impeachment si los republicanos pierden la mayoría en noviembre. Con la economía bajo presión, disputas culturales que no rinden electoralmente y el caso Epstein nuevamente en agenda, el segundo mandato de Trump atraviesa uno de sus momentos más frágiles. Las urnas empezaron a hablar y el eco retumba en Washington.















