(ANSA) EL CAIRO – Caminar entre fósiles de ballenas que emergen entre las dunas del Sahara o entre las ruinas de ciudades perdidas que cuentan historias de utopías faraónicas.
Recorrer cementerios interminables que se extienden como mares de cúpulas y oasis agrícolas convertidos en centros de creación artística.
Este es el Egipto inesperado, lejos de los reflectores de Luxor y de los complejos turísticos del mar Rojo.
Se trata de un viaje por carretera a través del Medio Egipto, rural y milenario, que desafía la compleja burocracia de un país conservador para acercarse a su esencia más auténtica.
Cabe aclarar que viajes de este tipo no pueden organizarse de manera independiente: es indispensable recurrir a operadores turísticos especializados para obtener los permisos necesarios y superar los numerosos controles policiales.
La ruta comienza en el oasis de Fayum, ejemplo de esa “nación intermedia” definida por el historiador Gamal Hamdan, situada entre la geografía africana y las influencias mediterráneas y asiáticas.
En sus márgenes se extienden las arenas de Wadi Al-Hitan, el Valle de las Ballenas, un antiguo océano desecado donde reposan desde hace millones de años gigantescos esqueletos que aún conservan vestigios de extremidades posteriores.
Muy cerca, en una zona donde el desierto se despliega en distintos niveles, la aridez se ve interrumpida por las sorprendentes cascadas de Wadi El-Rayan.
Un verdadero milagro antropológico dentro del oasis es Tunis, una aldea que renació gracias a la ceramista suiza Evelyne Porret. Mahmoud Kamel, investigador local, recuerda cómo la mujer eligió vivir entre los campesinos y enseñar a sus hijos un oficio que transformó a toda la comunidad.
“Fue el amor y la dedicación que llevaba en el corazón lo que produjo un cambio en este lugar”, explica.
Más al sur, en la gobernación de Minya, se encuentra Tel al-Amarna. El inspector arqueológico Hamada Kellawy resume la magnitud de la utopía concebida por el faraón Akenatón, quien huyó de las intrigas políticas de Tebas para fundar una capital dedicada al culto del dios Sol: “Quería crear una nueva religión y por eso eligió un lugar virgen, protegido por las montañas”.
Entre los acantilados situados más al norte se abren las espectaculares tumbas de Beni Hassan. Sus pinturas murales han contribuido de manera decisiva a comprender las prácticas y costumbres del Antiguo Egipto. Una de ellas contiene el contrato matrimonial más antiguo conocido hasta la fecha. “Todo en Beni Hassan habla de la vida cotidiana, explica el inspector Alaa Fathy, y muestra incluso grupos de extranjeros procedentes de Asia vestidos de manera diferente a los egipcios”.
La ciudad de Minya, capital de la gobernación, representa el alma más conservadora y agrícola del país. Los escasos visitantes que la utilizan como base para explorar el Medio Egipto no pueden salir de los hoteles sin acompañantes debido a las estrictas normas locales.
Desde allí se continúa hacia un paisaje poco conocido: la inmensa extensión de cúpulas de Zawiyyet al-Mayyiteen. Este antiguo cementerio islámico rodea la llamada “pirámide equivocada”, la única construida en todo Egipto en la margen oriental del Nilo.
La devoción se vuelve piedra en el monasterio excavado en la roca de Gabal al-Teir. El padre Thawferes relata su origen: “Es uno de los lugares más importantes del recorrido de la Sagrada Familia durante su huida; aquí descansaron durante tres días”.
No menos intensa es la devoción en Al-Bahnasa, una pequeña localidad perdida en la ribera occidental del Nilo donde distintas tradiciones religiosas se entrelazan. Entre las bulliciosas y polvorientas calles del mercado se encuentra el pino milenario bajo el cual, según la tradición, descansaron Jesús, María y José.
Además, el cementerio islámico “es un auténtico museo histórico al aire libre que conserva los restos de los Compañeros del Profeta”, destaca el inspector Mohamed Sayed. No es raro encontrar allí a fieles revolcándose sobre la arena mientras rezan para obtener la curación de enfermedades.
Al dejar atrás la lentitud y el silencio del Medio Egipto y regresar a El Cairo, resulta aconsejable dedicar al menos un par de días para readaptarse a la congestión y al magnetismo visceral de una metrópoli que los egipcios llaman la “Madre del Mundo”, el ombligo cultural del universo árabe.
En el laberinto de sus barrios más deteriorados se perciben las dificultades relacionadas con la gestión de los residuos. Sin embargo, la ciudad vibra con una energía arrolladora a cualquier hora del día. Los viajeros más aventureros dejan atrás las tiendas turísticas de Khan al-Khalili para perderse en el caótico y fascinante mercado de Attaba.
Es una capital que mira hacia el futuro mediante enormes inversiones, como el colosal Gran Museo Egipcio (GEM) o la renovada y evocadora Corniche del Nilo, donde los habitantes iluminan las orillas del río hasta altas horas de la noche.
El silencio de una feluca que corta suavemente las aguas del Nilo remite a la verdadera esencia de Egipto: una dimensión atemporal que ha sido mecida por el río durante milenios. © ANSA















