Rusia vuelve a presionar a Europa a través del gas, la compañía Gazprom anunció la interrupción total del suministro a través del ducto Nord Stream durante tres días, del 31 de agosto al 2 de septiembre.
Oficialmente, una vez más, por cuestiones técnicas relacionadas con el «mantenimiento», pero esta es la última de una larga serie de bloqueos que han puesto en grandes aprietos a los países de la UE. De hecho, un chantaje energético ejercido por Moscú como represalia a los respaldo a Kiev y las sanciones.
No es casualidad que tras el nuevo endurecimiento ruso, el precio del gas batiera un nuevo récord en Amsterdam, alcanzando un máximo de 262,78 euros el megavatio hora (+9,04%) y cerrando en 244,55. Una tendencia que sugiere nuevas subas cuando los mercados reabran el lunes.
En el frente del conflicto, en cambio, se nota un poco de calma entre las nubes que se acumulan sobre la central nuclear de Zaporiyia porque Vladimir Putin, durante una conversación telefónica con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dio el visto bueno a las inspecciones del AIEA (la agencia internacional atómica) a la central nuclear.
Pero la situación en la zona sigue siendo alarmante, porque Kiev teme que los rusos quieran desconectar la central eléctrica de la red ucraniana, privándola de la electricidad que allí se produce.
La interrupción del suministro del oleoducto que pasa por Alemania, anunciada por Gazprom en un comunicado, estuvo motivada por la necesidad de «reparar la única unidad de compresión que sigue en funcionamiento». Una vez «terminadas las obras y en ausencia de fallas técnicas de la unidad – agregó el gigante energético ruso – se reanudará el suministro de gas a un volumen de 33 millones de metros cúbicos por día».
Ya se trate de un problema técnico real o de una nueva represalia política, con este enésimo movimiento sorpresa, Putin ha vuelto a tomar el centro del escenario. De hecho, afirma que todavía tiene el cuchillo del lado del mango en la disputa con Occidente sobre Ucrania.
El líder del Kremlin también dio una señal sobre Zaporiyia, donde aumentan los riesgos de un accidente de gravísimas consecuencias por el bombardeo de la planta, del que se acusan mutuamente Moscú y Kiev. El mandatario ruso, en una llamada telefónica con el responsable del Elíseo, dio luz verde a las inspecciones de la agencia internacional de energía atómica en la planta. Y sobre todo, como anunció el Elíseo al final de la llamada telefónica, aceptó que el equipo de inspectores pueda llegar a la planta a través de Ucrania, no llegando ya desde Rusia. Sin embargo, según fuentes rusas del AIEA, la misión no podría comenzar antes de septiembre.
El gesto aparentemente relajado de Putin (motivado por la necesidad de evitar «una catástrofe a gran escala», según el mismo dijo) en cualquier caso no hace saltar las alarmas en torno a la planta. Los rusos, que la controlan desde marzo, han vuelto a rechazar los llamamientos de la ONU y de los occidentales para desmilitarizar la zona, diciendo que solo sus sistemas de defensa «la protegen del desastre».
Pero CNN mostró imágenes de vehículos militares estacionados peligrosamente dentro de la sala de turbinas conectada a uno de los reactores. Además, la agencia nacional de energía atómica de Ucrania, Energoatom, denunció que los ocupantes quieren aislar la planta cortando el suministro eléctrico a Ucrania.
Como gesto de provocación o, como informó Kiev en los últimos días, con el objetivo de conectar la central eléctrica con Crimea. Esta operación podría poner en peligro especialmente el sistema de refrigeración de los reactores. Suficiente para alarmar a Antonio Guterres: «La electricidad en Zaporiyia es ucraniana, este principio debe respetarse plenamente», subrayó el secretario general de la ONU, quien tras la trilateral con Volodimir Zelensky y Recep Tayyp Erdogan en Leópolis ayer, se trasladó a Odesa para visitar el principal puerto desde donde se han reanudado definitivamente las salidas de barcos cargados de grano. La única buena noticia real en casi seis meses de conflicto.
Mientras tanto, el presidente de Indonesia, Joko Widodo, en una entrevista con Bloomberg, anunció que tanto el presidente chino, Xi Jinping, como el presidente ruso asistirán a la cumbre del G20 prevista para noviembre en Bali.
En los últimos meses, Joe Biden había pedido que Moscú fuera expulsado del G20 en respuesta a la invasión de Ucrania. Y varios funcionarios de su administración habían presionado a Widodo para que no invitara a Putin a la cumbre. Evidentemente en vano.
Los líderes aliados de China y Rusia, entre otras cosas, según informa el The Wall Street Journal, podrían reunirse incluso antes, al margen de la cumbre regional de Asia Central que se celebrará en Samarcanda, Uzbekistán, a mediados de septiembre. (ANSA).















