(ANSA) MILAN – Las solicitudes de suicidio asistido en Italia van en aumento, son «más de cinco por día y no todos los que lo piden calificarían», afirmó Marco Cappato, de la asociación Rescate Civil, quien se autodenunció hoy ante los carabineros tras ayudar a morir a una mujer de 74 años en Suiza.
Cappato habló de ello frente al cuartel de los carabineros de la Compañía Duomo, donde por la mañana se presentó junto a Cinzia Fornero, voluntaria de la asociación, y Paolo Botto, hermano de la profesora Margherita, de 74 años, enferma de cáncer, que falleció ayer por la mañana en Suiza.
«Soy el responsable jurídico de esta asociación criminal – afirmó Cappato -, pero como las solicitudes aumentan continuamente, también gracias al número blanco que hemos puesto a disposición, se necesitan otras personas como Cinzia y Paolo, que firmaron las declaraciones presentadas hoy ante los Carabineros de Milán».
«También ellos, recordó, «son potencialmente responsables de un delito de hasta 12 años de prisión».
«El único consejo que podemos dar – agregó Cappato refiriéndose a quienes solicitan el suicidio asistido – es contactar a un psiquiatra, por ejemplo. Pero está claro que la clandestinidad en la que se recluye todo esto empeora las posibilidades de información y conocimiento de las personas.
Creo que quienes se ponen en contacto con nosotros son la punta del iceberg de una realidad mucho más extendida en la sociedad italiana».
Ahora, tras las autodenuncias, «será el poder judicial el que intervenga para declarar legal esa ayuda o para aplicar lo que determine la justicia», dijo la abogada Filomena Gallo, secretaria de la asociación Luca Coscioni, afuera de la comisaría.
«La sentencia Cappato del Tribunal Constitucional nos ha hecho más libres: las personas que tienen determinadas condiciones ahora pueden elegir en Italia decir no al sufrimiento con asistencia a la muerte voluntaria. La señora Margherita – recordó Gallo – era una paciente oncológica con un pronóstico muy corto. En cualquier momento de su día podría haber dejado de vivir».
«Pero con una interpretación probablemente restrictiva podría no estar dentro de las condiciones del Tribunal Constitucional, que también prevé el requisito de soporte vital».
En cualquier caso, Margherita no quería esperar el largo proceso de verificación por parte de una agencia sanitaria local (ASL) y probablemente recibir un no, como le pasó a Sibilla Barbieri hace unas semanas», subrayó.
«En Zurich, ayer por la mañana a las 10, Margherita se fue.
Margherita se fue por su propia voluntad, yo la ayudé y creo que hice lo correcto por ella», contó muy conmovido, Paolo Botto, hermano de la profesora de 74 años, gravemente enferma.
«Espero que dando un poco de voz a estas cosas, otras personas en la condición de mi hermana o incluso peor que la de ella, quizás sin dinero para ir a Suiza, puedan elegir, como mi hermana hubiera querido, irse tranquilamente a su casa, algo que todavía no es posible en este país», agregó.
Fornero, que acompañó a Margherita Botto en la ambulancia, explicó que el sueño es «vivir en un país que no obligue a hacer el viaje que hizo ayer Margherita» y «en el que la libertad de autodeterminación esté garantizada y sea considerada estructural del ser humano».
Se necesita «una ley, porque no todo el mundo tiene la posibilidad de ir a Suiza. El Estado italiano – concluyó – tiene como rehenes a ciertos cuerpos que deben ser liberados». (ANSA).















