La degradación de la tierra sigue empeorando en muchas partes del mundo, mientras que las prácticas probadas para protegerla y restaurarla aún no se adoptan con la rapidez y la escala necesarias.
Esto se ve respaldado por el análisis presentado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), junto con las nuevas directrices elaboradas con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en la COP17.
Más de la mitad de las evaluaciones regionales y subregionales examinadas en 75 países indican una adopción baja o muy baja: el 58 % informa de una tendencia de empeoramiento desde 2015 y solo el 10 % de una mejora.
Según el informe, medidas como la labranza reducida, la gestión integrada de nutrientes, la diversificación de cultivos, las enmiendas orgánicas y la agrosilvicultura pueden mitigar las amenazas al suelo, manteniendo o mejorando la productividad agrícola.
«Hoy contamos con datos muy precisos sobre prácticas que pueden proteger y restaurar los suelos, pero aún no se adoptan con la rapidez y la escala necesarias», afirma la directora general adjunta de la FAO, Beth Bechdol.
La prioridad ahora es brindar conocimientos e incentivos para implementar estas soluciones.
La erosión del suelo es la amenaza más grave para la salud del suelo, con un 81 % de las evaluaciones de manejo calificadas como deficientes o muy deficientes; el 65 % de las evaluaciones muestran un empeoramiento constante de este fenómeno desde 2015.
El manejo de nutrientes, por ejemplo, varía localmente, desde desequilibrios debido al uso excesivo hasta problemas de agotamiento.
Para combatir la degradación, el informe identifica cinco prioridades, comenzando por el fortalecimiento de la gobernanza, la capacitación y la mejora del monitoreo de datos.
También insta a fortalecer los incentivos sostenibles y a promover procesos de toma de decisiones inclusivos. Los responsables políticos deben considerar los suelos sanos como recursos estratégicos que deben protegerse concretamente.
Las tierras agrícolas también son fundamentales para lograr la neutralidad de la degradación, al igual que la promoción de la gestión integrada del paisaje, priorizando la prevención y la restauración. © ANSA















