Los rusos abandonaron la Isla de las Serpientes, luego de más de cuatro meses de guerra y de la toma del puesto de avanzada ucraniano en el Mar Negro, estratégico para el control de los flujos navales, pero también por un posible ataque anfibio contra Odesa.
Finalmente, la guarnición desplegada por el ejército de Vladimir Putin se retiró.
Un abandono en «sentido de buena voluntad» para «no obstaculizar los esfuerzos de la ONU para destrabar las exportaciones de alimentos», explicó Moscú. Una fuga impuesta por diez días de bombardeos que infligieron ingentes pérdidas, reivindicó contrariamente Kiev.
En todo caso se trata de un paso crucial del conflicto, que aleja la amenaza rusa de las costas ucranianas, y da aliento a los esfuerzos de Turquía y Naciones Unidas para la creación de corredores para los cereales, mientras en la escena aparece también la mediación de Indonesia.
Después de haberlo invitado al G20 en noviembre en Bali, en el que podría participar en forma presencial, en el Kremlin el presidente indonesio Joko Widodo entregó a Putin un mensaje confiado el día anterior por Volodimir Zelensky, y cuyo contenido permaneció «top secret».
El cambio de guardia en la Isla de las Serpientes marca una vuelta de tuerca en el frente sur de Ucrania. «Las Fuerzas Armadas rusas completaron sus tareas y retiraron una guarnición apostada allí», afirmó el ministerio de Defensa de Moscú.
Kiev, en cambio, canta victoria. El comandante del ejército, Valery Zaluzhny, brindó por la «liberación de un territorio estratégico». Los rusos no consiguieron «resistir el fuego de nuestra artillería y los ataques misilísticos de nuestra aviación», manifestó exultante el jefe del Estado Mayor ucraniano, Oleksii Hromov,.
El alto mando evocó el compromiso en reconquistar la isla, caída en manos rusas horas después del comienzo de la invasión, cuando uno de los defensores ucranianos pronunció la célebre frase contra el crucero Moskva: «Nave de guerra rusa, vete a la mierda!».
Una operación que recibió un empuje decisivo con las nuevas armas pesadas occidentales, desde los misiles antinave Harpoon a los lanzacohetes múltiples Himars.
Con el retorno de Ucrania a la Isla de las Serpientes, se podría acelerar el plan para la creación de corredores para la exportación de cereales, frente a una crisis alimentaria global siempre más alarmante.
«Ninguno impide a las autoridades ucranianas desminar sus puertos y permitir así a las naves con cereales partir.
Rusia -aseguró Putin- garantiza su seguridad».
En tanto, Moscú hizo zarpar «hacia países amigos» la primera nave mercantil con 7.000 toneladas de cereales desde Berdiansk, puerto en el Mar de Azov bajo su control, que Kiev lo acusa de haber robado.
En el ínterin los combates continúan en diversos frentes, con Lysychansk siempre en la mira de la ofensiva. La situación en la última ciudad controlada por los ucranianos en la región de Lugansk es «extremadamente difícil» y las evacuaciones de los civiles son ya imposibles, explicó el gobernador Serhiy Gadai, mientras el Estado mayor confirmó la avanzada reivindicada por los filorrusos en el área de la refinería ciudadana, «la más grande de Ucrania».
Nuevas bombas a racimo fueron arrojadas más al oeste, sobre Sloviansk, en el Donetsk. «Las acciones de Kiev en Donbás son un genocidio», acusó nuevamente Putin que, con la prolongación del conflicto, podría asimismo decidir usar la atómica.
Para la inteligencia estadounidense, Rusia tardará años en reconstruir su ejército. Y «en ese lapso es posible que las fuerzas de Vladimir Putin confíen en otros medios como los ciberataques, los chantajes energéticos o las armas nucleares para intentar controlar y proyectar el poder e influencia a nivel global».
Una reconstrucción nuevamente desmentida por Moscú, incluso con una convocatoria a la embajadora británica, Deborah Bronnert, por los insultos de Boris Johnson contra el zar. (ANSA).















