Europa se rearma para evitar el “tercer bloqueo”

(ANSA) – BRUSELAS 29 OCT – La puesta en marcha de un sistema para evitar el tercer bloqueo y apoyarse mutuamente, cuando sea posible, para afrontar la nueva fase crítica de la pandemia, fue tratado hoy por los líderes de la UE, bajo presión por el creciente aumento de contagios de la segunda ola del Covid-19.

Las máximas autoridades de cada país se reunieron por videoconferencia para tratar de encontrar una mayor coordinación e intercambiar buenas prácticas. Nada decisivo, pero una demostración de voluntad política de los 27 estados miembros, a pesar de que los problemas sanitarios son de competencia nacional.

Una reunión a la que seguirá otra en unos diez días, y luego otras en las próximas semanas, hasta que la pesadilla del Covid-19 finalmente quede atrás.

La esperanza es que las medidas ahora introducidas en muchos países de la UE, desde aquellas extremas de Francia y Alemania para hacer frente al segundo bloqueo, pero también los rigurosos cierres en España, Bélgica, Italia, Holanda y Luxemburgo sean capaz de ralentizar el virus.

Un resultado que los jefes de Estado y de Gobierno esperan ver en un mes o dos, aunque son muy conscientes no será suficiente. El objetivo de una vacuna, o el regreso del verano queda muy lejos. Tomará al menos de seis a ocho meses. Un tiempo infinito.

Por eso se debe trabajar en una doble vía: por un lado, fortalecer la solidaridad europea para aliviar a los países que no pueden hacer frente al flagelo, en términos de ventiladores, pruebas o de camas en cuidados intensivos, y por otro lado pensar en estrategias comunes para no terminar en la esquina por tercera vez, en este peligroso recorrido de curvas en acordeón.

El pasado miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von Der Leyen, presentando el paquete de iniciativas para intensificar la respuesta frente a los contagios, había soltado media frase de autocrítica: los encierros de los últimos meses “fueron revocados demasiado pronto”. Pero sobre todo, las medidas se fueron aflojando sin un rumbo preciso para afrontar un futuro de recrudescencia ya anunciado.

Decisiones dictadas sobre todo por la necesidad de dar una bocanada de oxígeno a la economía agonizante y de dar un respiro a los ciudadanos debilitados. El objetivo del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al convocar la videoconferencia fue precisamente esto, fortalecer el “impulso político” para lograr un marco común sobre algunas medidas concretas que deben cumplir, como test rápidos, con reconocimiento y aprobación de los 27, superando las últimas dudas de algunos Estados miembros, pero también poner a punto una hoja de ruta para la administración de vacunas.

Habrá 50 millones de dosis al mes, y si bien está previsto un acceso inmediato de todos los Estados miembros en función al número de habitantes, se deben establecer prioridades.

La Comisión Europea puso sobre la mesa varias recomendaciones, se ocupó de hacer preacuerdos para dotarse de vacunas (habrá para 700 millones de personas), se movilizó para comprar 22 millones de kits de prueba rápida (y está lanzando una nueva licitación conjunta) pero ahora los esfuerzos deben concentrarse e racionalizar aún más, decidir quién hace qué, cómo y en qué momento.

Es una carrera contra el tiempo a medida que las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) se llenan, con los sistemas sanitarios que en las próximas dos semanas -cuando se espera que los números aumenten nuevamente- podrían llegar a colapsar. La consulta periódica entre líderes servirá también para el intercambio de datos e información, de ayuda mutua y práctica, si es posible, como ya sucedió en el pasado, con el traslado de pacientes de un país a otro. (ANSA).