Estanislao quedó ciego cuando era apenas un cachorro. Llegó a la reserva Pumakawa en 2017, después de ser encontrado gravemente herido en un campo de General Cabrera. No podía volver a la naturaleza.
“Caminaba hacia atrás por miedo, chocaba con todo. Fue clave entender qué tenía para poder planificar cómo criarlo”, contó Kai Pacha, presidenta de @pumakawareserva.
Desde entonces, vive bajo cuidado permanente. Tiene rutinas, espacios adaptados y acompañamiento constante. En situaciones de estrés sufre convulsiones severas, por lo que necesita medicación y un manejo especializado.
En su proceso, los perros también cumplieron un rol importante. “Fueron criados juntos, tienen la misma edad y eso lo ayudó a tener más confianza”, explicó Kai.
Kai convive con él dentro de la reserva, con límites claros. “No es una mascota, pero se dio que lo tengo que cuidar. Es una compañía muy especial”, dijo. Y reconoció que el vínculo también la transforma: “Como puma que es, tiene sus horas de relajación durante el día. Yo no soy nada quieta. Mirarlo a él me tranquiliza”.
Cuando le preguntamos cuál es el sentido de sostener este cuidado, incluso en situaciones de riesgo, Kai fue clara: “El puma, como depredador, es el que nos ayuda a cuidar todo el monte. Si cuidamos una especie, se cuida el equilibrio de todo lo demás”.
Para ella, proteger a los pumas también es un acto cultural. “Son vistos como perjudiciales, como si no tuvieran lugar. Darles ese lugar es el cambio cultural que puedo aportar”.
El video que se volvió viral mostró apenas un fragmento de esa rutina: cada tormenta activa un protocolo de resguardo para proteger a Estanislao del miedo que no puede ver venir, pero sí escuchar.














