Emerge la vida cotidiana de Pompeya

(ANSA) – ROMA 26 DIC – Las cazuelas de barro con los restos de los platos más deliciosos, desde cabrito hasta caracoles e incluso una especie de “paella” con pescado y carne juntos aún pueden apreciarse a 1.941 años de distancia.

El vino “mejorado” con frijoles y listo para servir. Y un gran mostrador en forma de “L” decorado con imágenes tan realistas que casi parecen en 3D. En los dibujos emerge una pareja de ánades reales, un gallo asombroso, un perro grande con una correa en el que un bromista había garabateado un insulto homofóbico. Como que el tiempo no ha transcurrido.

Esas fascinantes estampas emergen en Pompeya (sur de Italia), donde las excavaciones nunca se han detenido ni siquiera en los días del encierro por el Covid-19, y ahora vuelve a la luz un Thermopolium -el antecedente más directo de los modernos restaurantes- casi intacto, de hecho una tienda de abarrotes que vende comida callejera, un espacio muy querido por los ciudadanos de la colonia romana.

Todo casi se detuvo en el tiempo el día de la erupción, fijado en la eternidad por el material piroplástico, que selló sus extraordinarios colores y conservó elementos fundamentales para reconstruir los hábitos alimentarios y los hábitos de los romanos de hace dos mil años.

“Una fotografía de ese día desastroso”, comenta el director del Parque Arqueológico Massimo Osanna en una entrevista con ANSA. Y hasta la ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini aplaude, subrayando el fruto del trabajo en equipo que se viene realizando en Pompeya en los últimos años. “Un gran ejemplo para la recuperación del país”, remarcó.
Situada en la Región V, frente a una gran plaza en la esquina entre el Vicolo dei Balconi y la Casa delle Nozze d’Argento, el nuevo Termopolio había sido identificada y parcialmente excavada en 2019, cuando la huella dejada en la ceniza había resurgido de una de las grandes puertas de madera y el balcón del primer piso se había encontrado, junto con una primera parte del mostrador, el que daba a la plaza, una de las más populares de Pompeya, con su hermosa fuente de mármol.

Quizás para aludir al monumento exterior, dice Osanna, “esa primera parte del mostrador estaba decorada con un tema mitológico, una Nereida montada en un extraordinario hipocampo con un cuerpo transformado en un arco iris de colores”.

Pero fueron las excavaciones posteriores, que alcanzaron su punto culminante en las últimas semanas, las que, junto a las extraordinarias decoraciones, el suelo con incrustaciones de mármol policromado y la completa estampa del entorno, devolvieron la sorpresa de una gran cantidad de información que este antiguo taller podrá sumar al conocimiento de la historia.

Los restos de los platos de la carta, por ejemplo, “con la utilización conjunta de mamíferos, aves, peces y caracoles en un mismo plato”, como explica la arqueóloga Chiara Corbino en su ponencia, en realidad una especie de paella. O el trato particular del vino, como cuenta la arqueobotánica Chiara Comegna, que se corrigió con habas (servían para blanquearlo y a la vez para corregir su sabor) pero también conservado en un recipiete que tenía una teja en el fondo para separar las legumbres del líquido y evitar mezclar el vino con su desagradable fondo.

También el esqueleto de un perro encontrado a un paso del mostrador, justo al lado del cuadro que representa a un perro con correa: adulto, pero de tamaño tan modesto que sugiere que la selección de razas de mascotas ya se practicaba en ese momento.

Esa es una investigación que está recién en pañales y que promete tener “desarrollos muy interesantes”, subraya Osanna, destacando que las investigaciones continúan ahora en los laboratorios cerrados.

Pero, lo que parece mostrar el nuevo Termopolio es también otra parte de esa devastadora tragedia humana que fue la erupción del 79 d.C. Los restos de dos hombres fueron encontrados en la habitación, con una segunda habitación al fondo y un piso superior. Uno de los dos, unos cincuenta años, según la hipótesis de la antropóloga Valeria Amoretti, estaba acostado en una cama en la trastienda, los huesos del otro -salvo un pie- se encontraron en cambio en un gran jarrón,probablemente escondidos allí por excavadores acaso del siglo XVII que habían investigado una parte de este entorno.

“La tienda parece haber sido cerrada a toda prisa y abandonada por los dueños -explica Osanna- pero es posible que alguien, quizás el hombre más viejo, permaneciera adentro y muriera en la primera fase de la erupción, aplastado por el derrumbe”. “El segundo en cambio podría ser un ladrón o un fugitivo hambriento, que entró a recoger algo para comer y se sorprendió por los vapores ardientes con la tapa de la olla que acababa de abrir con la mano”, amplió la experta.

Lo que realmente sucedió se entenderá en un tiempo tras más estudios. Mientras tanto, anticipa el director del Parque, la obra avanza, “estamos trabajando en la consolidación y restauración de la estructura, también reposicionaremos el balcón”.

La idea es abrir el Termopolio a los visitantes, si la pandemia lo permite, para la próxima Semana Santa, abriendo un camino que pasa también por el solar de construcción de la casa de las Bodas de Plata, una maravilla cerrada al público desde hace décadas.

Pompeya fue enterrada por la violenta erupción del Vesubio en agosto del año 79 y aún envía sus mensajes. (ANSA).