(ANSA) – KIEV 19 FEB – Del mar de Barents a las costas del Caspio, del mar Negro a la península de Kamchatka, en el Lejano Oriente: en el punto álgido de las tensiones con Occidente, desde todos los rincones del inmenso territorio ruso un bosque de misiles, incluido el hipersónico Tsirkon, se colocó para un ejercicio estratégico supervisado directamente por Vladimir Putin, junto al presidente bielorruso más leal, Viktor Lukashenko.
En ese contexto, en el Donbass ucraniano los separatistas prorrusos llamaron a las armas.
El barómetro de crisis apunta decididamente hacia la guerra, al menos la anunciada, en particular por Estados Unidos, que da prácticamente por sentada una invasión de Ucrania en los próximos días.
Las tropas rusas en la frontera «están listas para atacar», advirtió el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, quien reiteró la alarma emitida por el presidente estadounidense, Joe Biden, en la conferencia telefónica con otros líderes occidentales el viernes por la noche.
Alemania, que ocupa la presidencia del G7, pidió cautela, y el ministro de Relaciones Exteriores invitó a «no intentar adivinar» las decisiones de Rusia y a «observar más de cerca» la situación sobre el terreno.
Pero eso no impide que Berlín, al igual que París, inste a sus ciudadanos a abandonar Ucrania con carácter de urgencia, mientras que Lufthansa y su filial Swissair anunciaron la suspensión de las conexiones aéreas con Kiev a partir del lunes.
En el Donbass, los líderes de las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk declararon la movilización general y continúan evacuando a miles de residentes a la vecina región rusa de Rostov.
Prácticamente un estado de guerra, con los miembros de la reserva invitados a presentarse para prestar servicio efectivo en las milicias prorrusas, actualmente involucradas en intercambios de artillería y morteros con las fuerzas regulares ucranianas.
En medio de las tensiones entre Rusia, por un lado, y la OTAN y Estados Unidos, por el otro, se teme que hasta el más mínimo incidente pueda convertirse en la chispa capaz de desencadenar un conflicto a gran escala.
Las fuerzas separatistas y ucranianas continúan culpándose mutuamente por las violaciones del alto el fuego.
Kiev afirmó que dos de sus soldados murieron y cuatro resultaron heridos en el bombardeo de la parte contraria.
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, en una llamada telefónica con el francés Jean-Yves Le Drian, acusó a Kiev de realizar «provocaciones armadas».
Mientras tanto, proyectiles de mortero explotaron cerca del área donde el ministro del Interior ucraniano, Denis Monastyrsky, visitaba el frente.
El ataque, que no dejó heridos, tuvo lugar cerca del pueblo de Novo Lugansk.
Las bombas no detienen la diplomacia.
De hecho, Putin tiene prevista una nueva conversación telefónica con el presidente francés, Emmanuel Macron, el domingo, mientras que el ucraniano Volodymyr Zelensky, en Múnich para la Conferencia de Seguridad, volvió a pedir una reunión con el jefe del Kremlin.
El embajador de Ucrania en Roma, Yaroslav Melnyk, también agradeció los esfuerzos realizados por el primer ministro italiano, Mario Draghi, para intentar organizar la cumbre.
En una reunión, celebrada al margen de la Conferencia de Múnich, el canciller Luigi Di Maio -quien mantuvo un nuevo encuentro con su colega estadounidense Antony Blinken- informó a los miembros del G7 sobre las conversaciones que mantuvo con Serguéi Lavrov y el canciller ucraniano , Dmitro Kuleba, subrayando que «ambos han confirmado que quieren encontrar una solución diplomática».
«Este es el camino principal a seguir, no hay alternativas», reiteró el titular de la Farnesina, asegurando que Italia «hará todo lo posible para fomentar el diálogo entre las partes».
Una línea reafirmada en el comunicado final de la reunión, en el que se invita a Rusia a «retirar sustancialmente las fuerzas militares de las fronteras de Ucrania».
También en Múnich, Zelensky afirmó que Ucrania es «el escudo de Europa» frente a las amenazas rusas, y pidió «un calendario claro y alcanzable» para la adhesión de su país a la OTAN.
Pero entre los miembros del Pacto Atlántico -como reconoció amargamente el propio presidente ucraniano en los últimos días- no todos están de acuerdo.
La entrada de Ucrania en la OTAN «no está en la agenda y no lo estará», reiteró el canciller alemán Olaf Scholz.















