Mientras esperamos El diablo viste a la moda 2, hay una historia previa que dice mucho más que cualquier escena icónica.
Antes de empezar el rodaje de la primera película, Meryl Streep invitó a Anne Hathaway a su casa.
No fue una reunión de protocolo. Fue para conocerla, escucharla y acompañarla en lo que sería uno de los saltos más grandes de su carrera.
Allí, además de brindarle apoyo, le dio un consejo claro:
“No bajés de peso para el papel.”
En una industria donde durante años se normalizaron exigencias físicas poco saludables, ese mensaje no fue menor. Fue una forma silenciosa de decir: tu talento es suficiente.















