Diario de Viaje: maravillosa San Juan

Por Luis Lorenzo. Escribo este artículo, luego de atravesar alrededor de 40 horas de intenso viaje en busca de un sueño, una ilusión. Algo que nos permita seguir en una competencia llamada “Copa Argentina”, y aunque se me contradiga, después de aquél 1969 para Atlanta, fué una de las memorables campañas.
Sin embargo no comenzó cuando Sergio Pezzota dió el inicio del partido frente a Racing, sino que comenzó desde acá: en Villa Crespo, Sede Social, cuando más de 100 bohemios partimos desde los micros con caras radiantes, felices, emocionados, y llenos de algarabia, nos sumamos a una aventura, una verdadera expedición que queríamos ganar, y seguir. A las 22:30 partimos.
Durante el trayecto (¿A quién le importaba donde estábamos?), comenzamos a cantar todos juntos los “enganchados” de Atlanta. Me acerqué timidamente a ese grupo que dirigía la batuta: Debora, “Café” (inventó una canción que nunca se cantó en la cancha), Damián, y dos amigos que conozco y que no me sentí sólo: Marcelo y Lucas.
La noche transcurría, como esos kilómetros que ni siquiera supimos contar. Risas, música, entre otras cosas, le dieron color y ritmo a un viaje encantador. También pasaron las bromas y los chistes.
Pronto se hicieron las 3 de la madrugada y al apagarse las luces del micro, llegaba la hora del “break”. A dormir…
El amanecer de la ruta a las 8 hs., nos depertó entre resaca y muchas ganas de desayunar. Pronto hubo termos, muchos mates, algunas que otras viandas, y de fondo, el fantástico paisaje que nos regalaba la Provincia de San Luis. Cuando de a poco se levantaba la gente (yo por ejemplo dormí de manera incómoda), comenzaba de nuevo las canciones y los rostros de felicidad mermaba ese ambiente ganador de cada uno.
A las 10:30, lo impensado: primera requisa de la Policía apenas metros de traspasar la siguiente provincia: Mendoza. Entonces, recordé una frase de mi viejo, un Sargento de la Policía Federal que me lo repetía diariamente: “si caés en cana, yo no te saco. Ni tu mamá, ni tus hermanos…”. Tenía miedo.
Pero no pasó a mayores, y disfrutamos del viaje que aún San Juán estaba lejos.
Llegado el mediodía, los paisajes iban cambiando y comenzamos a tener hambre. Algunos pudieron almorzar. Otros preferimos esperar, para no perder mucho tiempo.
La montaña del pico nevado de la Cordillera nos iba regalando otra de las maravillas de nuestro viaje. Era tan hermoso, tanto que parecía una pintura. Cuando nos aproximábamos más, más bonito era.
Cuando tocamos la Ciudad Capital de Mendoza, comenzó una canción que luego se cantó en nuestro sector: “sí ganamo’ esta noche, nos vamo’ a tomar/sí ganamo’ esta noche, nos vamo’ a tomar/todo el vino/todo el vino de San Juan”. Una hora después de tanto trayecto, pudimos parar para almorzar.
Seguíamos riendo, seguíamos disfrutando, pensando en el posible batacazo a Racing. Tal vez (pensaba yo), en los vinos de San Juán que podíamos tomar y me sentía feliz. Tras una hora de “estirar las piernas” decidimos marcharnos. Ya eran las 17.
Al entrar ya a San Juan… Sí, otra vez: requisa policial. Tras otra media hora de que se nos revise, subimos a los micros y con custodia de la Policía provincial.
El atardecer se perdía entre los cerros sanjuaninos, y a cada paso que dábamos, a la vera de la ruta se observaban muchas casitas con gente que nos recibía con saludos, o con miradas extrañadas e indiferentes. Allí entendimos que de a poco nuestra ansiedad era fuerte y crecía. De a poco íbamos llegando a ese Estadio Bicentenario gigante e imponente.
Cuando entramos a la tribuna, encontramos al grueso de nuestra gente que llegaba desde Villa Crespo por otros medios. Muchos amigos, compañeros de ruta, en fin… “LOS MISMOS DE SIEMPRE”.
En ningún momento se le temió a Racing, ni tampoco escuchamos a la gente que dijo que seríamos goleados… ¡¡¡POR FAVOR!!!. Atlanta salió “de banca”, y no “de punto”. Que muchos casos (como el mío), nos decían: “saliste en la tele”. Porque en los 90 se le jugó de igual a igual, que en el primer tiempo pudo haberse llevado a un Racing que salió confiada en su suerte (Mancinelli…).
Porque sufrimos un momento de bajón cuando Pavone ponía el 1-0 para la “Academia”, y volvimos a levantarnos cuando Galeano lo empató de penal, y nuestros gritos se hicieron oír mucho más. Porque se cantó hasta reventar las gargantas.
Nuestra ilusión terminó sepultado. Racing ganó en la definición por penales 4-2, y Atlanta regresa a su realidad: el campeonato de la B Metro.
Fué histórico, maravilloso que ojalá vuelva a repetirse.
Regresamos a Buenos Aires un tanto tristes, pero felices de un momento inolvidable. Nuestro viaje se cargó de charlas, recuerdos y nostalgias de otra rica historia bohemia, de otros tiempos, pero de una misma pasión.
Desde mi lado personal, nunca olvidaré esta lindísima experiencia y que, a pesar de que ha sido un viaje demasiado cansador, fué el mejor de toda mi vida.

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