Joe Biden asesta un nuevo mazazo a China, una acción plena de rudeza destina a dejar huella con el tiempo, dificultando aún más la reanudación del diálogo, al decidir un boicot diplomático contra los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín 2022.
La Casa Blanca ha anunciado oficialmente este lunes que ningún representante de la administración estadounidense estará presente en la cita olímpica de febrero próximo, allanando el camino para un boicot diplomático masivo no visto desde la Guerra Fría.
La medida del presidente estadounidense, de hecho, debería abrir la puerta a decisiones similares de otros países, comenzando por Australia y el Reino Unido.
El anuncio de Washington había estado en el aire como rumor durante algún tiempo, dada la presión de muchos círculos dentro y fuera del Congreso para adoptar una línea dura que enviara a China un mensaje claro en el frente de la defensa de los derechos humanos en el Tíbet, en Hong Kong y Xinjiang.
De hecho, se acusa a Pekín de sofocar la voz de los opositores y de violar las libertades de minorías religiosas como la de los uigures, perseguidos y sometidos a torturas y violencia. Una situación, esta última, que la Casa Blanca ha definido sin rodeos como «genocidio».
La respuesta de la cancillería china, que siempre ha rechazado cualquier intromisión en sus asuntos internos, ya había llegado antes del anuncio de la Casa Blanca, cuando ya circulaban rumores sobre una decisión inminente.
«Si Estados Unidos insiste en seguir adelante ciertamente tomará contramedidas resueltas. Los Juegos Olímpicos de Invierno no pueden ser el escenario de una provocación política», dijo el portavoz del gobierno chino Zaho Lijian.
«Sería una mancha grave en el espíritu de la Carta Olímpica y una ofensa grave para mil quinientos millones de chinos», disparó luego.
Aunque simbólica, la decisión del boicot diplomático corre el riesgo de ser la lápida del intento de deshielo lanzado hace dos semanas durante la cumbre virtual entre Biden y Xi Jinping, con el objetivo de restablecer las relaciones entre las dos superpotencias económicas y militares por vías que eviten un conflicto.
El «no» de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Pekín, al tiempo que salvaguarda la participación de los atletas estadounidenses -es un boicot diplomático, más no deportivo-, de hecho aumentaría las tensiones vinculadas al problema de Taiwán.
Con referencia a este último, a diferencia de China, sí fue invitado a la Conferencia por la Democracia convocada por Biden para los próximos días.
Para inclinar definitivamente la balanza por el boicot diplomático a Pekín 2022 habría pesado la historia de la estrella del tenis chino Peng Shuai, quien desapareció de la escena pública durante tres semanas después de denunciar el acoso sexual por parte de un ex alto funcionario del Partido Comunista.
Una historia que ha conmocionado a la opinión pública estadounidense. Poco importa si la decisión de Biden de dar la espalda a la cita olímpica invernal está destinada a crear más fricciones con el Comité Olímpico Internacional, que se opone a cualquier forma de boicot pero, a su vez, Washington lo acusa de ser demasiado obediente con las autoridades chinas.
Para volver a situaciones de boicot olímpico hay que remontarse a 1980, cuando la administración de Jimmy Carter llevó a más de 60 países que no participaron en los Juegos de verano de Moscú a protestar por la invasión soviética de Afganistán.
En represalia, cuatro años después, quince países junto con la Unión Soviética boicotearon los Juegos Olímpicos de Los Angeles. (ANSA).















