La isla de Sal de Cabo Verde, conocido como el «Caribe africano», que hace tres décadas no tenía agua y solo se dedicaba a exportar sal y a cazar tortugas para combatir la hambruna, es hoy un próspero destino turístico que se propone ser una segunda Canarias para Europa.
Situadas a medio camino entre África, América y Europa, estas islas fueron descubiertas en el siglo XV por los portugueses, que las colonizaron para convertirlas en un centro de trata de esclavos. La ruta portuguesa de transporte de esclavos entre África y América hacía escala en Cabo Verde, que obtuvo su independencia de Portugal en 1975. «Antes era un castigo para un funcionario público caboverdiano ser enviado a la Isla de Sal. Hoy, mientras otras islas pierden población, esta isla gana porque la gente viene a trabajar a los hoteles», cuenta a ANSA Júlio Lopes, presidente de la Isla de Sal, de 33.000 habitantes.
De los inicios del turismo es responsable en buena parte Manuel Antonio (Patone) Lobo, que trabajaba en el primer hotel de la isla, el Barabesa («hospitalidad»), inaugurado por Bélgica en 1968, una vez instalada una desalinizadora en la isla, para alojar a los técnicos de las tripulaciones de aviones de Sudáfrica de camino a Estados Unidos.
«Cuando Ronald Reagan prohibió a los sudafricanos aterrizar en Estados Unidos por el apartheid, el hotel se quedó vació y fui a Portugal a contratar a tour operadores, y así empezaron a llegar turistas», cuenta Lobo a ANSA, que hoy dirige el hotel Odjo d’agua. Este hotel está situado en la playa de Santa María, de seis kilómetros, desierta hace 30 años y actualmente polo turístico cosmopolita con inversiones de España (principal inversor en Cabo Verde), Portugal y Francia.
El turismo -fundamentalmente procedente de Europa, un tercio inglés- representa un 25% del Producto interior bruto (PIB), que alcanza el 40% de impacto inducido e indirecto.
Lopes destaca que «esto es como Canarias, pero el agua del mar es más caliente y el invierno, más cálido. No llueve y tiene todo lo que tiene el Caribe excepto los huracanes».
Con una población de medio millón de personas, Cabo Verde cerró el año 2019 con récord de turistas recibidos, 820.000, el 90% en las islas de Sal y Boavista, señala el ministro de Turismo y Transportes, Carlos Jorge Duarte Santos.
El país busca conseguir para Santa María la que sería la primera clasificación de una playa con bandera azul en África. «Nuestro objetivo es que el crecimiento del turismo sea moderado y sostenible, preservando los recursos naturales.
Tomamos como referencia las islas Seychelles», explica el ministro a un grupo de periodistas, ANSA entre ellos.
El gobierno también se propone añadir al turismo de sol y playa otros productos como el de historia, pues por aquí pasaban las carabelas de África a América, y Cabo Verde fue la primera ciudad que Portugal fundó en el continente africano.
Isla de Sal es actualmente también una meca para los amantes del surf debido a sus buenas condiciones del viento y a la posibilidad de practicarlo todo el año.
El caboverdiano Mitu Monteiro, nacido en un pueblo de pescadores de Santa María hace 38 años, abrió aquí el camino del kitesurf, del que llegó a ser campeón mundial en 2008.
«Empecé a surfear de niño con un saco de maíz, al que metía dentro botellas de agua», cuenta Monteiro, que se convirtió en pionero de la disciplina «strapless».
«No tenía dinero para tabla, y utilizaba mi tabla de surf para hacer kitesurf, y así cree la disciplina strapless. Los mejores de esta disciplina están ahora en Santa María», explica.
Otro de los atractivos turísticos es ir ver a las tortugas Boba como desovan.
Pese a estar prohibida desde hace tres años, sigue existiendo la caza de este animal en peligro de extinción para comer su carne, lo que supone una «gran preocupación» para el gobierno, como reconoce el ministro de Turismo.
Contra la caza furtiva de la tortuga lucha la ONG Projeto Biodiversidade, la única de la isla encargada de temas de medio ambiente, a través de patrullas, que reciben el apoyo del ejército.
Otro atractivo de la isla es la playa de los tiburones, donde todo el año se pueden ver en la costa pequeños tiburones limón, inofensivos, que vienen hasta aquí por sus aguas calientes.
Y las salinas del Cráter de Pedra de Lume siguen siendo la atracción patrimonial más importante y donde el turista se puede dar un baño y flotar.
Buena parte de la gastronomía en esta isla gira alrededor del atún, otra de sus industrias junto al turismo, mientras que la cachupa, un guisado con garbanzos y pescado que los portugueses daban a sus esclavos, se ha convertido en su plato nacional. (ANSA).















