n dron ruso atacó la sede de la inteligencia ucraniana en Kiev, asestando un golpe al corazón de su maquinaria bélica justo antes de la misión de Steve Witkoff y Jared Kushner, enviados por el presidente estadounidense, Donald Trump, primero a Moscú y luego a la capital ucraniana.
El ataque pone de manifiesto la delicada situación en la que se encuentran los representates estadounidenses, entre las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, —quien, el jueves, habló de la posibilidad de resolver el conflicto con Ucrania— y la cruda realidad, caracterizada por posturas muy distantes y un número cada vez mayor de hostilidades.
Según denunció el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, el dron se dirigió a la sede de los servicios de inteligencia.
Al atacar a los servicios de seguridad ucranianos, Moscú busca demostrar la vulnerabilidad de las defensas de la capital ucraniana, así como debilitar sus resistencias psicológica y política.
Por este motivo, la respuesta de Zelensky fue inmediata y contundente: «Responderemos de forma adecuada, significativa y, de ser posible, proporcional», prometió el presidente ucraniano.
Según dijo, el jefe del SBU, Oleksandr Poklad, presunto objetivo del ataque, ya le había informado sobre los planes de respuesta.
«Ya se determinaron los lugares que se atacarán y se elegirá el momento oportuno para garantizar los resultados», dijo Zelensky.
El asalto, que dejó nueve heridos y dañó la catedral de Santa Sofía (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), no solo representa «una grave escalada que exige una respuesta decisiva», sino que, además, para el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, es prueba de que Putin no quiere una tregua en las hostilidades.
«Moscú lanzó este ataque durante una renovada iniciativa diplomática por la paz, lo que pone de manifiesto su
rechazo real a la diplomacia», consideró.
Otro estallido militar sobre el terreno complica la misión diplomática de Trump y genera un estancamiento dinámico, donde cada kilómetro ganado en tierra o cada edificio destruido en Kiev pesa como una losa en la futura mesa de negociaciones.
Asimismo, la misión estadounidense debe lidiar con un panorama geopolítico tenso, mientras que el magnate, ya inmerso en el conflicto con Irán, busca asegurar un resultado antes de las elecciones de mitad de mandato, en noviembre próximo, para apaciguar a un electorado cansado de la guerra y profundamente decepcionado con el impacto financiero del conflicto en Medio Oriente.
Romper el estancamiento político, diplomático y militar, al menos en el frente ucraniano, sería un éxito para Trump, pero la estrategia de Putin de hechos consumados y terror aéreo amenaza con reducir el margen de maniobra de los negociadores estadounidenses.
Sin embargo, están decididos a mantener abiertos los canales de comunicación para alcanzar una plataforma de mediación que podría allanar el camino para una reunión directa entre Zelensky y Putin Mientras, los ataques cruzados que asolan el Mar Negro siguen intensificándose: los drones de Kiev atacan depósitos de petróleo y buques en Sochi, en tanto que los drones rusos provocaron más víctimas en Odesa (un muerto y tres heridos) y en Jersón (un muerto y doce heridos).
Así, Moscú sigue cosechando pequeños avances sobre el terreno —hoy, la captura de la aldea de Gruzskoye en Donetsk—.
En ese contexto, Witkoff y Kusher se preparaban para su compleja misión en Moscú y en Kiev, también desde el punto de vista de la seguridad.
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró claramente que no habrá acuerdos de seguridad directos entre Moscú y Kiev en la visita, mientras que Zelensky pidió el cese de los ataques durante la misión.
Según medios ucranianos, los rusos intentaron disuadir a los enviados del magnate de visitar Ucrania, llegando incluso a sugerir su cancelación. © ANSA















