En Montagnana, según comenta Rexulfo, una localidad de la provincia de Pistoia, en Italia, el gato Toldo protagonizó una historia que conmovió a toda la comunidad.
Tras el fallecimiento de su dueño, Renzo Lozzelli, en septiembre de 2011, el felino comenzó a acudir al cementerio casi todos los días.
En muchas ocasiones llegaba con pequeños objetos que encontraba en el camino, como ramas, hojas, flores, trozos de papel o vasos de plástico, y los dejaba sobre la tumba.
Vecinos, familiares y visitantes confirmaron durante meses esta rutina, que despertó el interés de especialistas y medios de comunicación por tratarse de un comportamiento poco habitual en gatos.
Toldo también había acompañado el cortejo fúnebre el día del entierro, y desde entonces mantuvo ese vínculo con el lugar donde descansaba su dueño.
Su historia se convirtió en uno de los casos más conocidos sobre el fuerte lazo que puede formarse entre las personas y los animales con los que comparten su vida.















