El Banco Central Europeo mantuvo este jueves sin cambios las tasas de interés y advirtió sobre un aumento de los riesgos para el crecimiento y la inflación debido a la guerra en Medio Oriente.
Las perspectivas económicas, dada la guerra en curso con Irán, es «muy incierta» y «las cadenas de suministro están bajo presión», declaró la presidenta del BCE, Christine Lagarde.
Lagarde explicó que «persisten los riesgos a la baja» para el crecimiento.
Las medidas fiscales de los gobiernos para hacer frente a la crisis energética deben ser «temporales, específicas y adaptadas a cada caso», sostuvo.
Los costos de la energía se han disparado tras el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial, luego del estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La inflación en la eurozona ya muestra señales de aceleración: en abril alcanzó el 3%, por encima del objetivo del 2% fijado por el BCE.
Sin embargo, la entidad debe equilibrar esas presiones inflacionarias con el riesgo de frenar aún más un crecimiento económico débil si encarece el crédito.
«Los riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento se han intensificado», señaló el BCE en un comunicado. «Cuanto más dure la guerra y más tiempo se mantengan altos los precios de la energía, mayor será el impacto probable sobre la inflación general y la economía», añadió.
Antes de la reunión, los analistas ya anticipaban que el banco mantendría su tasa de depósito en el 2%, nivel en el que se encuentra desde junio del año pasado, a la espera de evaluar la evolución del conflicto.
En esa línea, el banco italiano UniCredit consideró que no hay urgencia para actuar, especialmente porque la inflación estaba cerca del objetivo antes de la guerra. «El debilitamiento de la demanda, en particular del consumo privado, refuerza la idea de que el BCE debe ser paciente», indicó.
Los últimos datos oficiales muestran que el crecimiento económico de la eurozona se desaceleró al 0,1% en el primer trimestre del año. Además, los indicadores posteriores al inicio del conflicto reflejan una caída en la confianza de consumidores e inversores y un deterioro de la actividad empresarial.
Otros bancos centrales también han optado por la cautela. La Reserva Federal mantuvo las tasas sin cambios el miércoles, en su tercera pausa consecutiva, mientras enfrenta un mercado laboral más débil y una inflación en alza. Por su parte, el Banco de Inglaterra también dejó intactos los costos de endeudamiento, aunque recortó sus previsiones de crecimiento.
Gran parte de las perspectivas económicas dependerán de si Irán y Estados Unidos logran un acuerdo duradero que garantice el tránsito de suministros energéticos por el Estrecho de Ormuz, un factor que escapa al control del BCE.
A comienzos de mes, en Berlín, Lagarde advirtió que la institución enfrenta una «doble incertidumbre»: no está claro cuánto durará el shock ni cuál será su impacto final en la economía.
Desde el organismo también han buscado diferenciar la situación actual de la vivida tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando recibieron críticas por reaccionar con lentitud ante el fuerte aumento de la inflación.
En ese sentido, el gobernador del Banco de Letonia, Martins Kazaks —miembro del consejo del BCE—, aseguró al Financial Times que la entidad «no tiene prisa». «Todavía tenemos el gran lujo de recopilar datos y formar nuestra visión», afirmó. © ANSA















