Por Ana Leguisamo Rameau. En la Argentina de hoy vivimos con las manos atadas al miedo y a la posibilidad de caer en la indigencia o en la pobreza más absoluta.
En estos últimos años de Gobierno hemos sentido que el miedo se ha apropiado de nuestras vidas porque, al recibir las facturas que suben mensualmente, ya no sabemos si podremos afrontar el gasto de llegar a fin de mes o de pagar en cuotas los servicios indispensables que necesitamos para vivir.
El congelamiento de las tarifas, de las cuales hizo alusión el presidente de la Nación en un golpe demagógico por ganar las elecciones 2019, es tan sólo una embestida confusa y mentirosa donde los usuarios no comprendemos el porqué del alza constante ya que, cada vez consumimos menos y debemos pagar más cuentas.
¿Adónde va el dinero de los tarifazos que pagamos?
Esa es la pregunta retórica que nadie comprende y es allí cuando caemos en la realidad que son aquellos empresarios, líderes de las Multinacionales de servicios exclusivos tales como Gas, Luz y Agua, quienes (en un zarpazo rápido y oportuno) se roban la plata de los usuarios y se enriquecen millonariamente día a día. Por todo ésto, estamos presos y somos cautivos de un sistema perverso donde nuestra calidad de vida decae drásticamente y donde el “dejar ésto a aquello” para poder salvar otras situaciones, se hace un juego insostenible cada vez más.
Los latiguillos que echan la culpa a otros Gobiernos
Es cierto que los Gobiernos anteriores, tanto sea Kirchnerista o Radical, han hecho estragos y se han llenado los bolsillos pero, en estos últimos cuatro años, la falta de insensibilidad política actual ha arrojado a la calle, según estadísticas de la UCA, un 35 % de pobres y un 7 % de indigentes.
Se entiende que un Gobierno debe mediar y así utilizar herramientas para sacar adelante a una población que se hunde cada vez más en la pobreza y en la desesperación. Sin embargo, el latiguillo para hacer creer que las cosas no están tan del todo mal, es echar la culpa a los Gobiernos anteriores, como si eso fuera suficiente o como si esa frase tapara con un dedo el paisaje que hay detrás del bosque y, de algún modo, justificara la falta de eficiencia y aptitud del Gabinete actual. Por cierto, un Gabinete que, desde que asumió, no tiene nada claro en cuestión económica.
Por otro lado, y no menos importante, es la situación de entrega a las que nos han llevado si pensamos en el FMI. Nos hipotecaron el futuro y, si de eso se trata, significa que tampoco tenemos derecho a proyectar porque nuestros sueños han quedado pinchados por la desilusión. La deuda regularizada ascendió desde U$S 223 mil millones en diciembre de 2015, al asumir Mauricio Macri, hasta U$S 329 mil millones al 31 de diciembre de 2018, según los registros del Ministerio de Hacienda. Se trata de un incremento de casi el 50 %. Además, la composición del stock de deuda cambió en favor de la deuda externa (49 % del total).
De este modo, ya no podemos ahorrar, tampoco pensar en darnos un gusto simple. Mucho menos pensar en juntar dinero para comprarnos una casa o iniciar un proyecto empresarial. Por ello, el pueblo siempre seguirá sujeto a “agachar la cabeza” porque dependerá del empresario multinacional o del propietario que le cobrará el alquiler hasta que el inquilino muera jubilado en una triste y apartada pensión.
Cierran 50 PYMES por día
En este escenario hay una coyuntura en la que, según las entidades Apyme y CEEN, «cierran 50 empresas por día y se pierden, mes a mes, miles de empleos».
¿Cómo hará el empresario chico para comunicarle a su empelado que deberá prescindir de sus servicios cuando este hombre o madre de familia debe hacerse cargo de mantener a sus hijos, o cómo hará esa persona que vive sola para sustentarse en el día a día de la incertidumbre más absoluta?
El ferretero de la esquina ya no está porque se le ha hecho imposible poder costear el alquiler de su negocio, aún a sabiendas que el local es muy pequeño. El panadero ya ha comentado que le es insostenible afrontar los gastos de luz y gas para poder continuar con su pequeña empresa. Ni qué hablar del Gimnasio. Los clientes, directamente, se han retirado a la plaza o al parque del barrio y hacen deportes allí porque la cuota ya no es imprescindible en su lista de gastos. El Club de barrio ya piensa con miedo que su futuro deberá ser el cierre total porque los gastos que suman son como una hipoteca infernal sobre los hombros, que cada vez se hace peor poder costear. Ni la inmobiliaria puede hacer mover sus negocios de la construcción.
Así, podremos seguir mencionando un sinnúmero de pequeños comerciantes que, hoy por hoy, han cerrado sus puertas.
Hay que ponerle el hombro
Una de las frases reiteradas del presidente de la Nación es “Hay que ponerle el hombro”. En su lenguaje simple y en sus gestos, que demuestran ser un hombre amigable para todos, surge la duda “¿Hasta cuándo tendremos que ponerle el hombro si el pueblo ya no soporta más? ¿Hasta cuándo puede soportar una vida cuando el estómago permanece vacío la mayor cantidad de horas al día? ¿Qué comerá ese jubilado que gana la mínima y debe saldar un alquiler, comprar medicamentos, pagar impuestos altos y , además, abonar viáticos para poder desplazarse? ¿Qué le dirá ese padre o madre a los hijos que debe mantener? ¿Cómo justificará el hambre y la falta de dinero para hacerle entender a ese hijo que hoy no comerá o tampoco sabrá si mañana lo hará también?
Mucho ruidos y pocas nueces
No se trata de echar culpas a los demás. Se trata de hacerse cargo y de asumir que la política bien entendida no es para muchos. Los que no pueden afrontarla, deberán hacerse a un lado y dejarles la oportunidad a otros mejor preparados. No se puede hacer alardes a costa del hambre de los demás, cuando en los rincones más recónditos de la Argentina, los más pobres, hasta se comen las suelas de los zapatos porque no tienen más que llevarse a la panza.
En estas elecciones, el pueblo debe pensar qué es lo mejor para la Argentina. El sistema económico es la base fundamental para hacer crecer esta Nación. De su desarrollo depende el incremento del trabajo, la vuelta de las miles de PYMES que ha cerrado, la vida digna de los jubilados a un acceso a medicamentos, el regreso de proyectos que hagan levantar a este país hacia un mejor posicionamiento mundial para que los extranjeros vean un sistema confiable en nosotros. Además, amerita una vista profunda y bloqueo total a la posibilidad de modificar la Ley Laboral pues es un derecho de los trabajadores que sus años de aportes sean reconocidos en su trayectoria, entre otras cosas acordes a este punto.
De eso se trata.














