Secretos culinarios de Pompeya fueron halladas en el Thermopolium

(ANSA) – ROMA 27 DIC – Rastros de la que hoy se conoce como dieta mediterránea fueron halladas en el Thermopolium, un gran mercado en el que se compraban alimentos listos para comer, en Pompeya.

Quesos duros y blandos, cebolla, lentejas, cereales y frutas formaban parte de la dieta de los pompeyanos, según indican las antiguas investigaciones paleobotánicas.

Los nuevos hallazgos de arqueólogos agregan información sobre la cuestión.

El Thermopolium no era una rareza en Pompeya. Las excavaciones en la ciudad dan cuenta de, al menos, 80, casi todos organizados del mismo modo, con un mostrador más o menos grande, pero siempre claramente visible, de modo que incluso desde la calle se podía ver la comida.

Sobre el mostrador, una serie de orificios del mismo tamaño alojaban las macetas de terracota destinadas a conservar la vajilla.

Mientras que en un lado del mostrador, apoyado contra la pared, generalmente había un expositor escalonado donde se exhibían comidas preparadas y frascos de diferentes alimentos.

También, había un horno portátil para calentar en el momento los platos antes de servirlos.

Sin embargo, en ninguno de los Thermopolium que ya se conocían se había hallado un decorado tan amplio y bien conservado. Y, sobre todo, en ninguna de las excavaciones anteriores habían surgido tantos elementos de estudio sobre la naturaleza de los alimentos y de las recetas de moda en la Roma del siglo II.

El resultado, “se debe al trabajo de un equipo interdisciplinario que sigue las excavaciones desde el minuto uno”, dijo a ANSA el director del parque arqueológico, Massimo Osanna.

De hecho, en el sitio de construcción del Thermopolium, una sala de unos 20 metros cuadrados, trabajó juntos arqueólogos y expertos en zoología, antropología, botánica.

Chiara Comegna, arqueobotánica, habló de una pequeña jarra en la que se encontró rastros de un vino “correcto”. Porque en el fondo de la vasija de barro donde se había dejado cántaro, dijo, “se encontró una teja y junto a ella, un bulto formado por restos de habas molidas”.

La experta explicó que las habas “se utilizaban para blanquear el vino” o para corregir su sabor.

Además, el aroma del vino, reveló, “fue otro de los pequeños milagros de esta excavación”.

“Nos golpeó muy fuerte cuando abrimos la tapa de una de las vasijas que estaban sobre el mostrador”, afirmó, algo increíble si se piensa que aquella vasija permaneció cerrada durante dos mil años. Por su parte, la arqueóloga Chiara Corbino se ocupó de determinar la presencia de animales en los restos de comida sólidos. Sus análisis demuestran que los chef pompeyanos mezclaban diversas carnes: pescados, junto a caracoles y pájaros en un mismo plato.

“En el mismo plato, había carne de oveja o cabra, pescado, caracoles de tierra e incluso patos”, lo que Osanna definió como “una especie de paella”.

En venta, como lo evidencian los refinados diseños que adornaban el mostrador y también los restos hallados en las vasijas, había comidas cocidas y crudas.

Los patos, por ejemplo, se representan en una zona del mostrador ya muertos y listos para ser desplumados mientras que las gallinas están retratadas vivas.

Esto, explicó Osanna, “puede estar relacionado con que en la Antigua Roma los patos no eran considerados animales completamente domésticos. A tal punto, que para darles ese estatus, a veces se les hacía empollar a las gallinas los huevos de pato”. Sin duda, concluyó, estas nuevas excavaciones arrojarán aún más datos acerca de las costumbres alimenticias de los habitantes de la ciudad de Pompeya. (ANSA).