Médicos, psiquiatras y otros expertos destacados aseguran que es inexacto afirmar que los «problemas de salud mental» son la única o la principal responsable de la sucesión de ataques armados en los Estados Unidos, que lo convierten en una de las naciones de mayor violencia social del mundo.
El diagnóstico contrasta con la opinión de la mayoría de los legisladores, que sostienen que la salud mental es la principal causa de estos incidentes.
«Tenemos un problema con las enfermedades de salud mental en esta comunidad», aseguró el gobernador de Texas Greg Abbott, un firme defensor de la libre portación de armas de fuego, respaldado en la Segunda Enmienda de la Constitución.
En cambio, si bien los expertos dicen que algunos aspectos de las enfermedades mentales están asociados con la violencia masiva, insisten en que es realmente una crisis más compleja la que está detrás.
Consideran que la violencia está impulsada por la facilidad para acceder a las armas de fuego, el estancamiento de la reforma de las mismas y la exposición a un aumento de factores estresantes, en los que el acoso físico o psicológico (bullying) generalizado tiene su aporte.
«El bullying y el acceso a las armas es algo común y aceptado socialmente en este país», aseguró a ANSA un residente latino de Miami, Florida.
«Todas las camionetas que circulan en las rutas del país, es casi seguro que su conductor tiene un arma en la gaveta del vehículo», subrayó. «Conviene no entrar en discusión con nadie».
«No hay ‘enfermos mentales’. Todos lo somos. Son nuestros hijos, nuestras familias, nuestros tíos, nuestros primos», afirmó Joel Dvoskin, psicólogo clínico y forense que formó parte del Grupo de Trabajo sobre la
Reducción de la Violencia Armada de la Asociación Americana de Psicología, a ABC News.
«Estos acontecimientos nos dan una bofetada en la cara. Esta es una crisis de salud pública, y deberíamos pensar en ella como una crisis de salud pública», dijo Dvoskin en referencia a la violencia armada y la tragedia del martes en la escuela Uvalde, donde un adolescente asesinó a disparos a 19 niños y dos adultos.
Un informe de 2018 del FBI sobre las características de los tiradores activos encontró que solo el 25% de los tiradores de 2000 a 2013 habían confirmado una enfermedad mental.
«Hay consideraciones importantes y complejas con respecto a la salud mental, tanto porque es el factor estresante más frecuente como por la inclinación común pero errónea a asumir que cualquier persona que cometa un tiroteo activo debe estar de hecho enfermo mental», asegura el informe.
«En resumen, las declaraciones de que todos los tiradores activos deben estar simplemente enfermos mentales son engañosas y inútiles», agrega el FBI.
Según la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales, aproximadamente 1 de cada 5 adultos en los Estados Unidos experimenta una enfermedad mental, definida como una afección en el estado de ánimo de una persona. Son aproximadamente 52,9 millones de estadounidenses.
En 2020, se descubrió que 1 de cada 10 adultos jóvenes, de entre 18 y 25 años, experimentaba una enfermedad mental grave.
Para Dvoskin, «la noción de culpar de esto a los enfermos mentales es un chivo expiatorio intencionalmente falso a personas que ya tienen suficientes problemas, que no necesitan ser insultados por políticos que buscan una manera de evitar una discusión más complicada».
Muy pocos de estos tiradores masivos han tenido un trastorno mental diagnosticado de ningún tipo, coinciden los expertos. Sin embargo, en todos los casos no tuvieron ninguna dificultad para adquirir un arma, desde simples pistolas hasta ametralladoras de última generación.
«ualquiera que esté en una crisis de desesperación o enojo, eso no significa que vaya a disparar a nadie, pero deberían obtener ayuda», aseguró Dvoskin. (ANSA).















