Lumiton presenta, hasta el 04 de Marzo, junto a la productora Cinesur, este ciclo que celebra la mirada singular y comprometida de Solanas, abarcando décadas de entrega al arte del cine en una cronología que va desde sus inicios hasta sus últimos trabajos. En el mes de su nacimiento, proponemos revisar la genialidad de un cineasta – y vecino de Vicente López – cuyas películas hacen, en sus propias palabras, “memoria contra el olvido».
Fernando Solanas, conocido afectuosamente como «Pino«, nació el 16 de febrero de 1936. Fue un maestro en la narrativa cinematográfica que dedicó su vida a plasmar historias disruptivas, conmovedoras y profundamente arraigadas en la realidad de América Latina. Con una mirada que abarca todas las artes, Pino integró la poesía, la música y la literatura en relatos que se atreven a romper la cronología y temporalidad clásica, creando formas profundamente oníricas.
Pino Solanas no solo fue un cineasta, sino también un militante y político comprometido. Su cine refleja su profundo interés por las causas sociales, políticas y ambientales, pero también una búsqueda tenaz de formas estéticas y narrativas que salgan de los moldes imperantes para plasmar un cine con identidad propia.
La hora de Los Hornos es una de las obras más largas del cine latinoamericano. Pero no se trata de un solo film, sino de una trilogía compuesta por películas independientes entre sí, con unidad temática y formal y unidas por un tema global: la dependencia y la liberación. La primera de ellas se denomina “Neocolonialismo y Violencia” y fue concebida para una difusión en todo tipo de ámbitos.
Este film inició en nuestro país una experiencia hasta entonces inédita y que parecía una utopía: la utilización del cine como instrumento político y la organización de un circuito paralelo de exhibición que pasaba por organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles. Desde 1968, año en que se trajo al país el primer negativo en formato 16mm y comenzaron las primeras proyecciones clandestinas en casas, parroquias o departamentos, hasta 1973, cuando comenzaron las exhibiciones públicas, el camino recorrido por el film fue casi una leyenda.
Carta a los espectadores
Han pasado más de veinte años desde que terminamos La hora de Los Hornos. Nosotros, los de la generación del 60, los que desafiamos al sistema neocolonial y fuimos leales al proyecto de liberación de Perón, los que vivimos la primavera del 73, las persecuciones y el terror, el exilio de adentro o de afuera y el regreso, los que en todo momento luchamos por la soberanía popular y la democracia, tuvimos éxitos y fracasos, hemos actuado siempre por una ética y por principios que aún viven en nosotros para ser realizados. Hoy se ha consolidado el proceso democrático, aunque lamentablemente una buena parte de los problemas denunciados en el film siguen vigentes o se han agravado tanto que aquellos son un pálido reflejo. Ellos están presentes como un espejo de la desigualdad y la injusticia de una Argentina ajena y sometida que aún espera realizar su proyecto “para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”. Por todas estas razones y para conocimiento de lo que fueron aquellos épicos años 60, es que reponemos La hora de Los Hornos.














