(ANSA) – NUEVA YORK, 13 MAY – La pandemia de Covid-19 colocó a los socorristas en las playas de Estados Unidos en medio de una encrucijada, pues cuál es la manera de rescatar a una persona que se está ahogando, y mantener al mismo tiempo la distancia social aconsejada de dos metros.
Cada vez son más los salvavidas que, antes de correr al rescate y llegar al agua, comienzan a calcular el riesgo de contraer el SARS-CoV-2 si es que la persona lo padece.
Todos los socorristas reconocen que, para salvar una vida, podrían perder la suya, y que la persona que están tratando de rescatar también puede derribarlos a ellos. Es imposible, de hecho, usar protecciones en el agua, como los enfermeros o médicos.
Pero al mismo tiempo todos coinciden en señalar que, mantenerse a dos metros de distancia de una persona que se está ahogando no es una opción.
«Cuando nadamos hacia una víctima en apuros, depende de su condición», indicó Patrick Brafford, el supervisor de socorristas de las playas de Clearwater Beach, Florida. «Si pueden arreglárselas, les entregaremos un dispositivo de flotación para que se agarren y luego podremos llevarlos a nado hacia la orilla mientras mantenemos una distancia segura», acotó.
«Pero si están en condiciones extremas y no pueden mantenerse a flote, tendremos que hacer contacto directo con ellos y asegurarles el rescate», dijo. «Eso es algo que todos los socorristas deben comprender y asumir ese riesgo», amplió.
Clearwater Beach, una joya de más de dos kilómetros de extensión de arena blanca y agua azul sobre la costa del golfo de la Florida, fue noticia por las razones equivocadas en marzo cuando las imágenes de los bañistas descansando en medio de la pandemia se transmitieron a nivel nacional. A eso se sumó que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, se resistió inicialmente a retirar a la multitud de las playas, por temor a que repercutiera en su imagen y fuera objeto de críticas.
Brafford dijo que su equipo de 10 socorristas a tiempo completo y 21 a tiempo parcial no ha tenido que hacer rescates en el agua desde que Clearwater Beach reabrió al público el 4 de mayo. Pero a medida que las arenas se llenen de bañistas, los socorristas han estado entrenando para lo que él llama «las nuevas normas».
«Para nosotros, eso es lo más importante», continuó. «Estamos acostumbrados a subir, tocar y hablar con personas que necesitan nuestra ayuda. Tenemos que reducir eso ahora».
Tom Gill, portavoz de la asociación sin fines de lucro de Estados Unidos para salvar vidas, estuvo de acuerdo. «Al final del día, habrá momentos en los que tendrás que acercarte mucho».
«Pero hay muchas maneras de minimizar el impacto», señaló.
Entre ellas, la asociación emitió nuevas pautas, como «evitar tocar a otras personas, incluidos sus compañeros socorristas, a menos que sea necesario».
«No garantiza la prevención de la transmisión de la enfermedad, pero disminuye la probabilidad», indica la directiva. «Las precauciones universales deben incluir, como mínimo, guantes, máscara N95 y protección para los ojos». (ANSA).
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