Crecer en un hogar, en un ámbito familiar, es esencial para el desarrollo de los niños y las niñas. Por eso me preocupa que cada chico que necesita ser adoptado pueda tener un hogar que lo cobije y mejorar las condiciones de adopción en nuestro país.
Esta tarde me reuní con Pedro Puig Pérez y Javier Fresneda, presidente y vicepresidente de @aldeasinfantiles_es, quienes realizan desde hace 70 años una labor maravillosa en 136 países, entre ellos Argentina, para ayudar a los chicos vulnerables y sus familias.
Me comentaron que su objetivo es que pueda mantenerse el vínculo de las niñas y los niños con sus familias, pero cuando esto no es posible los llevan a estas “aldeas”, que son casas, donde conviven en hogares transitorios con otros chicos, adultos y psicólogos que los atienden. Este acompañamiento se continúa con los jóvenes hasta que son mayores de edad. De hecho, uno de los datos que ellos resaltaron es que el 90 por ciento de los niños que pasaron por Aldeas Infantiles terminaron el colegio secundario.
Para ellos, su mayor éxito es ver a esos niños ya adultos formando sus propias familias y ocupándose de la felicidad de sus hijos, con mucho cuidado y amor.
En Argentina funciona @aldeasargentina con aldeas en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, y en Oberá, Misiones.
Y una de las iniciativas que llevan adelante y me interesa destacar es el de los programas pedagógicos de educación en valores.















