Investigación del New York Times revela que refinerías temen un origen de corrupción y crimen detrás de los envíos que llegan de las minas en el sur venezolano
Donald Trump puso sus ojos primero en el petróleo de Venezuela. Ahora también en su oro.
Pero el metal precioso que la administración estadounidense está redirigiendo hacia Estados Unidos podría estar lejos de brillar: las sospechas sobre su origen, sus posibles vínculos con organizaciones criminales y la corrupción que durante años rodeó a la minería venezolana amenazan con convertirlo, al menos reputacionalmente, en «oro negro».
Una investigación publicada por The New York Times reconstruye el recorrido desde las minas del sur de Venezuela hasta Washington y las grandes casas comerciales internacionales, y sostiene que cargamentos por cientos de millones de dólares ya llegaron a Estados Unidos pero permanecen almacenados porque las refinerías dudan sobre su procedencia.
Según el diario, el problema es que procesar el metal exige cumplir estándares internacionales de debida diligencia para determinar que el oro no haya financiado organizaciones criminales, corrupción, abusos o destrucción ambiental.
La paradoja es evidente: fue el propio gobierno de Trump el que, durante su primer mandato, puso en la mira al sector aurífero venezolano.
En marzo de 2019, el Departamento del Tesoro sancionó a la minera estatal Minerven y sostuvo entonces que el negocio del oro estaba vinculado con corrupción, organizaciones criminales, deforestación, contaminación con mercurio y otros daños ambientales.
Siete años después, la misma Minerven aparece en el centro del nuevo acercamiento comercial entre Washington y Caracas.
En marzo pasado, la compañía estatal alcanzó un acuerdo para suministrar entre 650 y 1.000 kilos de oro a la comercializadora de materias primas Trafigura, con destino a refinerías estadounidenses.
La Casa Blanca confirmó entonces que el acuerdo había sido impulsado bajo la dirección de Trump y con participación del secretario del Interior, Doug Burgum.
Con los precios de ese momento, una tonelada tenía un valor aproximado de 165 millones de dólares. Pero la investigación del Times va más allá y plantea que parte del oro que está entrando en este nuevo circuito podría proceder de mineros obligados a pagar sobornos a grupos criminales y que inversores estadounidenses estarían vinculándose con una mina relacionada, según el periódico, con integrantes del crimen organizado.
Es justamente allí donde el oro comienza a perder su brillo.
Las advertencias sobre la minería venezolana no son nuevas.
En abril, el senador demócrata Ron Wyden pidió explicaciones a Trafigura por el acuerdo y recordó informes estadounidenses que documentaron riesgos de corrupción, graves abusos contra los derechos humanos, control de minas por bandas criminales y una extensa degradación ambiental en las zonas auríferas de Venezuela.
La propia administración estadounidense reconoce todavía esos riesgos. Las actuales licencias del Tesoro permiten determinadas operaciones con minerales venezolanos, incluido el oro, pero advierten sobre transacciones relacionadas con corrupción, prácticas engañosas y actores sancionados. © ANSA















