En la Base Naval de Mar del Plata todos lo conocían. Era negro, fuerte, testarudo y tenía el corazón hecho de sal. Lo llamaban Comando, y cada vez que el ARA San Juan zarpaba, él corría al muelle, se lanzaba al agua y nadaba detrás del submarino hasta que desaparecía en el horizonte.
A su lado, siempre estaba la teniente de fragata Eliana Krawczyck, la primera mujer submarinista de América Latina. Ella lo había rescatado una tarde de lluvia, y desde entonces se hicieron inseparables. “No te puedo llevar al mar, soldado”, le decía sonriendo, “pero si pudiera, serías mi segundo a bordo”.
El 25 de octubre de 2017, cuando el ARA San Juan partió rumbo a Ushuaia, Comando volvió a correr, ladrar y lanzarse al agua. Desde cubierta, Eliana levantó la mano y lo saludó. Fue la última vez que se vieron. Días después, el submarino desapareció con sus 44 tripulantes.
















