La escalada militar largamente anunciada por Israel contra los bastiones civiles y militares de Hezbolá, la milicia chiíta creada y financiada por Irán, mostró hoy su rostro más sangriento y visible en un contexto formal de «alto el fuego» cada vez más frágil: unas 30 personas murieron en las últimas 72 horas en el sur del Líbano, entre ellas bebés, socorristas y combatientes del llamado Partido de Dios.
Mientras tanto, sobre el terreno aparecieron nuevos caminos y terraplenes militares israelíes, una señal que, según analistas libaneses, indicaría la intención de Israel de permanecer durante largo tiempo como fuerza de ocupación en el sur del Líbano.
Israel justifica el recrudecimiento de los ataques como respuesta a las acciones de Hezbolá contra sus soldados, que se encuentran, sin embargo, en pleno territorio libanés y cuya propia presencia y actividad violan el alto el fuego.
La escalada se produce a pocas semanas de las nuevas negociaciones previstas en Roma, mediadas por Washington entre Beirut e Israel, y en un contexto de creciente tensión regional entre los bloques estadounidense e iraní, que se extiende desde Ormuz hasta Bab al Mandab.
En este contexto, una familia entera fue exterminada al amanecer en Kfar Remman, en el distrito de Nabatiye, epicentro de los enfrentamientos por el control de las alturas estratégicas en el interior del sur del Líbano.
Entre las ocho víctimas de la familia Farhat había dos bebés y dos mujeres. Hezbolá reconoció que entre los fallecidos también había dos de sus miembros.
En el mismo ataque murieron dos socorristas, elevando a 10 el número de víctimas.
En los bombardeos registrados desde el viernes hasta hoy murieron en total 27 personas y decenas resultaron heridas.
Según el Ministerio de Salud de Beirut, desde el inicio de la nueva ronda de guerra, el pasado 2 de marzo, Israel
Por su parte, Israel afirmó que el ataque contra Kfar Remman alcanzó una infraestructura de Hezbolá «en respuesta al lanzamiento de drones» contra sus fuerzas en el sur del Líbano.
También informó que dos de sus soldados resultaron heridos en un tiroteo con combatientes libaneses en la zona del castillo de Beaufort.
El contexto, cada vez más tenso, llevó al presidente libanés, Joseph Aoun, a calificar los ataques israelíes de «crímenes inaceptables» y afirmar: «Si Israel quiere la guerra… que lo diga claramente».
Como otra señal del deterioro de la situación, el Ejército israelí alertó a los habitantes de la Galilea del norte sobre una serie de ataques inminentes en territorio libanés, cuyas explosiones podrían escucharse también en territorio israelí.
En este escenario, la sociedad civil libanesa volvió a movilizarse en dos frentes opuestos. Por un lado, para reclamar el despliegue del Ejército regular en Nabatiye y la retirada y el desarme de Hezbolá «para salvar Nabatiye».
Por otro, los alcaldes de localidades del sur ocupadas por Israel, históricamente identificadas con la resistencia de Hezbolá, protestaron contra el gobierno de Beirut, al que acusan de no hacer lo suficiente para impedir que Israel destruya más de 60 localidades del sur del Líbano, obstaculizando así el retorno de sus habitantes a largo plazo. © ASNSA















