Un estudio asociado a la University of Cincinnati señaló que alrededor del 85% de las cosas por las que nos preocupamos nunca llegan a suceder.
Esto revela algo poderoso: la mayoría de nuestros miedos no está en la realidad, sino en nuestra mente.
La psicología explica este fenómeno a través de la ansiedad anticipatoria, un mecanismo en el que el cerebro intenta prever amenazas futuras para protegernos. El problema es que tiende a exagerar.
Además, nuestro cerebro tiene un sesgo llamado sesgo de negatividad, que hace que prestemos más atención a posibles problemas que a escenarios positivos o neutros.
Y hay más: investigaciones en el campo de la psicología cognitiva muestran que, incluso cuando algo sale mal, tendemos a manejarlo mejor de lo que imaginábamos, un efecto conocido como “subestimación de la propia resiliencia”.
Es decir, gran parte de la ansiedad proviene de escenarios que existen solo en la imaginación… y no en la vida real.















