El presidente de Estados Unidos dijo que fue «una petición de Teherán». Y agregó amenazante: «Pero hablemos en serio, o nos convertiremos en su peor pesadilla»
Los contactos entre Washington y Teherán existen.
Y, de hecho, promete el presidente estadounidense, Donald Trump, «están yendo muy bien», hasta el punto de que accedió a prorrogar, a petición del régimen iraní, durante 10 días la suspensión de los ataques contra las instalaciones energéticas de Irán.
El nuevo plazo vence el «lunes 6 de abril a las 20, hora de Washington (0 GMT).
El mensaje fue publicado en la red social Truth, donde el magnate negó, en sus palabras, «las declaraciones erróneas difundidas por los medios de las ‘fake news'», en medio de la jornada 27 de la guerra, otro día marcado por mensajes contradictorios que dejaban abierto todo escenario, incluida la posible invasión de Kharg, la estratégica isla petrolera iraní en el Golfo.
Trump había mostrado de nuevo mano dura al afirmar que Irán está «implorando llegar a un acuerdo», sin descartar, no obstante, la opción de un ataque masivo: «Seremos su peor pesadilla» y tomar el control del petróleo de los ayatolás sigue siendo «una opción».
El Pentágono y el Mando Central del Ejército de Estados Unidos en Medio Oriente estuvieron trabajando en planes militares para un «golpe final». Refuerzos estadounidenses están en camino, con miles de marines, fuerzas anfibias y paracaidistas listos para lanzar un ataque masivo. No es casualidad que, según CNN, Irán se esté preparando, temiendo que Kharg sea uno de los objetivos principales del enemigo, y esté colocando trampas y minas por toda la zona.
Teherán, por su parte, reafirmó las condiciones con las que rechazó el plan estadounidense de 15 puntos: una de ellas es el control del estrecho de Ormuz, que «fue y será un derecho natural y legal de Irán». A través de Pakistán, envió a Washington la respuesta al plan estadounidense.
Mientras tanto, el trabajo tras bambalinas continúa, con Islamabad actuando como mensajero en las conversaciones indirectas entre Estados Unidos y la República Islámica para intentar desbloquear una situación que corre el riesgo de estancarse.
Esto sucede en un contexto de mensajes contradictorios por parte del propio presidente: «No sé si estamos dispuestos a trabajar en un acuerdo con Irán —dijo en una ocasión—. Deberían haberlo hecho hace cuatro semanas», instando a los negociadores iraníes a «ser serios antes de que sea demasiado tarde». Su enfado también alcanzó, una vez más, a la OTAN: «No ha hecho nada, no lo olvidaré».
En el terreno, los ataques no se detienen. Las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI) anunciaron haber matado al comandante de la Marina de los pasdarán, Alireza Tangsiri, mientras que ocho personas murieron en intensos bombardeos aéreos en el sur del Líbano, donde el objetivo de Israel sigue siendo «eliminar a Hezbolá de nuestras fronteras».
La subida del precio de la gasolina, las tensiones en el Congreso y la base MAGA, junto con las próximas elecciones de mitad de mandato, presionan al comandante en jefe.
Según el Wall Street Journal, Donald —ya sea en negociación o en vísperas de una invasión— busca una rápida conclusión de la guerra, preferiblemente antes de ver a Xi Jinping en China a mediados de mayo. Quizá por eso sus mensajes son contradictorios y Trump parece actuar sin cortapisas: habla de iraníes que desmienten las negociaciones por temor a represalias internas contra sus negociadores, y al mismo tiempo de una Teherán que envía señales de apertura al haber «autorizado el paso de diez petroleros» por Ormuz.
Sin embargo, han surgido algunos indicios de distensión: Estados Unidos e Israel decidieron retirar de la lista de objetivos a dos potenciales jefes negociadores iraníes -el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi-.
Además, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, aseguró que hay «fuertes señales» de que Irán quiere llegar a un acuerdo. «Hemos presentado un plan de acción que constituye el marco para un acuerdo de paz. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos y si logramos convencer a Irán de que esto representa un punto de inflexión, para el cual no existen alternativas válidas salvo más muertes y destrucción», afirmó Witkoff, figura poco apreciada en Teherán, que preferiría negociar con el vicepresidente, JD Vance. Tal vez sean algunos ramos de olivo en medio de la más absoluta confusión. © ANSA














