Unos 156 millones están habilitados para votar este domingo en Brasil en una elección presidencial altamente polarizada, en la que despuntan entre los candidato el actual presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro, y el líder de izquierda Luiz Inacio Lula da Silva, con un resultado que promete tener implicancias en toda la región.
Bolsonaro (Partido Liberal) busca llegar al balotaje para impedir que su contrincante vuelva a ocupar la presidencia y este aspira a obtener la victoria en la primera vuelta.
Ambos polarizaron la elección dejando muy atrás a los otros postulantes, cuyos votos de este domingo pueden ser centrales si hay segunda vuelta, prevista para el 30 de octubre. En esa segunda línea están el centroizquierdista Ciro Gomes, un ex ministro de los gobiernos de Lula y la abogada y senadora de centroderecha Simone Tebet.
El expresidente Lula -cofundador del Partido de los trabajadores (PT)- volvió a la arena política tras ser excarcelado en una causa por corrupción, y su aspiración a un tercer mandato presidencial se basa en la promesa de repetir los logros económicos y sociales que marcaron su gestión (2003-2010).
«Luchamos la mayor de todas las batallas contra el hambre y vencimos. Hoy sé que preciso cumplir nuevamente esa misión», declaró Lula, de 76 años, en recuerdo de su paso por la presidencia que sacó a 30 millones de brasileños de la pobreza, según datos oficiales.
El tercer y último debate, el jueves pasado, cargado de cruces de insultos entre los dos principales candidatos, por su vulgaridad dejó abierto el interrogante del destino del voto de los indecisos, una fracción pequeña pero que puede ser determinante sobre si habrá balotaje.
Como en 2018, el segmento evangélico es uno de los más fieles a Bolsonaro, un excapitán del Ejército de 67 años. Entre los evangélicos, el actual mandatario tiene el 53% de las preferencias, contra el 32% de Lula.
Partidarios de Bolsonaro han exigido en las redes y con una lluvia de mensajes en los celulares, a que no se acepte el resultado si gana el líder del PT. Estos sectores muy radicalizados y muchos de ellos armados, prometen una violenta protesta contra los tribunales electorales de Brasilia.
Un Capitolio II al estilo de Donald Trump, por lo que hay resquemores y ciertos temores de una ola de violencia. Trump, justamente, ha llamado a votar por Bolsonaro, un ex capitán del Ejército, a quien considera un aliado leal.
Si hay incidentes en Brasil, el presidente podría declarar un estado de excepción y no entregar el poder. Parece exagerado pero el propio Lula da Silva da identidad a esa posibilidad al sostener, horas atrás en Río de Janeiro, que el mandatario «puede intentar crear cualquier tumulto durante la transición».
De hecho, Bolsonaro volvió a desacreditar esta semana las encuestas y cuestionar sin pruebas la fiabilidad de las urnas electrónicas, además de tratar públicamente de «cobarde» y «mentiroso» al titular del Tribunal Superior Electoral, Alexandre de Moraes, la máxima autoridad de los comicios.
Los principales jefes militares debieron salir este sábado a aclarar que reconocerán inmediatamente al ganador de las elecciones que determine el Tribunal Electoral. Los uniformados harán su propio conteo, pero aclararon que no interferirán y que solo realizan un aporte «técnico» a la elección.
El líder de derecha, favoreció a las iglesias evangélicas perdonando deudas millonarias con el Estado y prometió que bajo su gobierno jamás se discutiría el aborto. Esto alimentó la expansión de los templos neopentecostales en Brasil. Según un relevamiento del diario O Globo, en la última década abrieron 21 iglesias por día -casi una por hora- en el país.
Todas las encuestas señalan favorito a Lula pero no es claro si podrá evitar la segunda vuelta. Se necesita alcanzar el 50% de los sufragios más un voto, sin nulos o blancos, para ser consagrado.
Lula ha dado señales de un interés por retomar el liderazgo sudamericano, pero los datos económicos favorecen a Bolsonaro.
La inflación anual que llegó hasta hace poco a superar el 10%, ha ido disminuyendo con proyección en torno al 6% anual. El país crecerá desde un magro 0,5% a un 2,7% de alza para este año. También el desempleo se redujo al 9,1%, desde el 12,4% cuando llegó este presidente al poder.
Empero, todo eso se contrapone con una pobreza extendida, con más de 30 millones de personas en total indigencia, una crisis educativa y de inversión en investigación y desarrollo.
Además, sus tonos agresivos, la exaltación de las armas, la insistente reivindicación de la pasada dictadura militar y la imagen machista y homofóbica le pusieron en contra a al electorado femenino y a los más jóvenes.
Además, la pandemia de Covid-19, en medio de una pésima gestión, dejó unas 686 mil muertes. Otro punto que no favorece a Bolsonaro.
Lula tiene el 50% de los votos válidos contra el 36% de Bolsonaro, según una encuesta de la agencia Datafolha divulgado hoy a horas de los comicios.
Como el sondeo presencial de Datafolha tiene un margen de error de 2 puntos para más y para menos Lula podría llegar al 52 % y ser electo este domingo o bajar al 48 % tener que disputar un balotaje. Bolsonaro tiene el 36 % y puede llegar al 38 %, con lo cual no está en condiciones de pasar a Lula pero es el único que podrá disputar el balotaje. (ANSA).














