(ANSA) – ROMA, 15 FEB – El presidente ruso, Vladimir Putin, dio hoy señales de distensión al autorizar el inicio de la retirada de tropas de la frontera con Ucrania y al asegurar que no quiere la guerra, mientras la OTAN expresó sus dudas sobre una real distensión en el terreno.
En tanto, en el frente diplomático, la disposición del líder del Kremlin de hablar de seguridad regional, expresada al recibir al canciller alemán, Olaf Scholz, no aclaró cómo se desatará el nudo más intrincado del juego: el tira y afloja por la entrada de Kiev en la OTAN.
Porque mientras Moscú insiste que nunca debe suceder, los occidentales no pueden aceptarlo, al menos formalmente y por escrito, como le gustaría al Kremlin.
Tras los anuncios en los medios estadounidenses sobre una inminente invasión rusa, el Ministerio de Defensa de
Moscú aseveró esta mañana (hora local) que «unidades de los distritos militares del sur y del oeste que completaron sus tareas» en ejercicios fronterizos comenzaron a reingresar en las bases.
Un retiro «planificado», aclaró el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, al rechazar las alarmas definidas como «terrorismo mediático», fruto de la «histeria occidental».
Para la OTAN, sin embargo, «no hay señales sobre el terreno de que Rusia esté reduciendo las tropas en las fronteras de Ucrania», según afirmó el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg.
También el titular de la OTAN pidió el retiro de vehículos pesados ;;y del equipamiento militar.
Lo que reforzó el escepticismo occidental fue la denuncia de Kiev de un ciberataque en los sitios del Ministerio de Defensa y de dos bancos públicos.
Una señal, si se confirma, de un nuevo ataque híbrido probablemente dirigido por Moscú.
Mientras tanto, el evento clave de la jornada de negociación tuvo lugar en el Kremlin, con la reunión entre Vladimir Putin y Olaf Scholz.
El canciller alemán tendió una mano y destacó que la seguridad de Europa «no se puede construir contra Rusia sino en cooperación con Rusia».
Y calificó la noticia de la retirada de las tropas rusas como una «buena señal», mientras subrayó que la ventana de la diplomacia aún no está cerrada.
Por su parte, Putin agradeció y sostuvo que hay «elementos» sobre los que está dispuesto a trabajar.
«Obviamente -dijo- no quiero la guerra», y también se encargó de remarcar que las conversaciones «no pueden extenderse demasiado».
«Hace 30 años que nos dicen que no ampliarán la OTAN hacia Rusia, pero siempre ha pasado», acusó, rechazando la tesis de que la adhesión de Ucrania no está actualmente en la agenda.
«Ya sea mañana o pasado mañana, para nosotros será lo mismo, la cuestión debe resolverse ahora», insistió.
Sobre este tema «no se negocia», manifestó, por su lado, Scholz.
Con respecto al Nord Stream 2, el gran gasoducto que costó 11.000 millones de dólares para su construcción,
Putin aseveró que está listo y llevará seguridad energética en todo el continente, «no hay nada político» en ese proyecto.
Pero el canciller alemán respondió que, «en caso de guerra haremos lo que tengamos que hacer», es decir, no activar el gasoducto.
En ese contexto, los jefes de la diplomacia rusa y estadounidense, Lavrov y Antony Blinken, sostuvieron una nueva conversación telefónica, mientras el mandatario estadounidense Joe Biden habló con su par francés,
Emmanuel Macron, sobre la necesidad de «verificar» la retirada de las fuerzas rusas.
Italia hizo su parte con una conversación entre el primer ministro Mario Draghi y el presidente ucraniano
Volodymyr Zelensky y con la misión a Kiev del ministro de Asuntos Exteriores Luigi Di Maio, a quien se espera en Moscú el jueves. (ANSA).














