A principios de 2016, según expresa Yo soy motivador, en una de sus escalas habituales en Buenos Aires, la azafata alemana Olivia Sievers notó a un perro callejero solitario en Puerto Madero. Le dio algo de comida, una caricia y siguió su camino. Lo que no imaginaba es que ese simple gesto cambiaría dos vidas para siempre.
Desde ese día, el perro —a quien llamó Rubio— comenzó a esperarla fielmente en la entrada del hotel Hilton. No importaba si pasaban semanas entre vuelo y vuelo; cada vez que Olivia aterrizaba en Argentina, Rubio aparecía en la puerta como si supiera exactamente su itinerario.
Olivia intentó buscarle un hogar en Buenos Aires a través de un refugio, pero el corazón de Rubio ya había tomado una decisión: se escapó y caminó kilómetros de vuelta al hotel solo para volver a verla.
Al darse cuenta de que Rubio no buscaba un rescate cualquiera, sino a su persona en el mundo, Olivia inició los trámites de adopción internacional. Meses después, Rubio abordó un avión rumbo a Frankfurt, Alemania.
Allí descubrió por primera vez lo que era una cama suave, paseos por el bosque y el amor de una familia junto a dos hermanos perrunos.
A veces no somos nosotros quienes elegimos rescatar; son ellos quienes nos encuentran para recordarnos el verdadero significado de la lealtad.














