La histórica fábrica de agendas y artículos de librería quebró, cerró sus puertas y despidió a sus 38 trabajadores luego de que la Justicia ordenara la liquidación de sus activos.
De este modo, la empresa había llegado a fabricar millones de productos al año y supo ser una referencia del sector. Pero la caída del consumo, la digitalización, la pandemia y la crisis de ventas terminaron por empujarla a la quiebra.
Por ello, los trabajadores son los grandes perjudicados: las deudas laborales superan los $106 millones y, según trascendió, sólo podrían recuperar cerca del 30% de lo adeudado.
Ahora, una nueva firma adquirió la marca, las maquinarias y el stock con la promesa de relanzar Citanova y recuperar la capacidad productiva. Sin embargo, todavía no hay precisiones sobre el regreso de la actividad ni sobre la reincorporación de los puestos de trabajo.
Una marca emblemática de la industria argentina que se resiste a desaparecer, mientras 38 familias enfrentan las consecuencias del cierre.















