Los científicos ya no los consideran simples animales marinos.
Hoy, los pulpos son definidos como seres inteligentes, sensibles y capaces de sentir dolor, angustia e incluso desarrollar personalidades propias. Y eso acaba de abrir uno de los debates éticos más impactantes de Europa.
España impulsa una propuesta legislativa que podría prohibir la cría y comercialización de pulpos en granjas de acuicultura, algo que convertiría al país en uno de los primeros del mundo en frenar esta industria antes incluso de que se expanda a gran escala. 
¿La razón? Estudios científicos demostraron que los pulpos pueden resolver problemas complejos, usar herramientas, recordar soluciones y reconocer entornos. Además, su sistema nervioso es uno de los más sofisticados del reino animal: tienen cerca de 500 millones de neuronas y dos tercios de ellas están distribuidas en sus tentáculos. 
El problema es que los pulpos son animales solitarios y territoriales. En cautiverio, el estrés extremo puede provocar comportamientos violentos, automutilación e incluso canibalismo. Expertos en bienestar animal sostienen que no existe actualmente una manera “humanitaria” de criarlos de forma industrial.
La discusión explotó después del proyecto para crear en Canarias la primera granja comercial de pulpos del mundo. Mientras algunas empresas defienden la acuicultura como alternativa a la sobrepesca, organizaciones científicas y ambientalistas alertan sobre el enorme impacto ecológico y ético que podría generar esta industria.
El debate ya llegó a otros países: Chile, México, Reino Unido y algunos estados de EE.UU. comenzaron a discutir restricciones similares. Y muchos creen que esta podría ser la primera vez que una industria multimillonaria se frena antes de convertirse en un negocio global. 















