El presidente de Rusia, Vladímir Putin, de 73 años, volvió a cumplir con una tradición religiosa que sigue desde hace varios años al conmemorar la fiesta ortodoxa de la Epifanía con una inmersión en aguas heladas en un agujero abierto en el hielo.
La ceremonia, que se realizó este lunes como parte de las celebraciones por el Bautismo de Cristo, consistió en que Putin descendiera por una escalera de madera hasta el agua gélida, se sumergiera tres veces y se persignara antes de cada inmersión, en concordancia con la tradición ortodoxa.
La costumbre de bañarse en agua congelada durante la Epifanía es seguida por millones de fieles en toda Rusia, quienes creen que este rito simboliza la purificación espiritual y física al conmemorar el bautismo de Jesús en el río Jordán.
Este acto, divulgado por medios locales, subraya la participación del presidente ruso en celebraciones populares y religiosas que forman parte de la cultura ortodoxa del país.















