Durante el periodo de celo, las hembras experimentan un fuerte impulso reproductivo y pueden llegar a aparearse hasta 40 veces en un solo día. Este comportamiento tiene un objetivo claro: aumentar al máximo las probabilidades de fecundación, especialmente en especies donde la ovulación se activa a partir del apareamiento.
Si los machos se agotan, se rehúsan a continuar o no responden a la demanda, la situación puede cambiar rápidamente. La frustración hormonal puede provocar conductas agresivas, tanto hacia los machos como hacia otros individuos cercanos. No se trata de violencia gratuita, sino de una respuesta biológica intensa guiada por instintos reproductivos.
Este tipo de comportamiento demuestra hasta qué punto la naturaleza puede ser extrema cuando se trata de asegurar la continuidad de la especie: insistente, demandante y, en ocasiones, brutal.















