El nivel de los ríos no deja de subir, y mientras el balance de muertos, ahora en 147, con 127 desaparecidos, sigue creciendo, se prevé que el lago Guaíba pueda alcanzar un nivel récord, con nuevas inundaciones en la capital, Porto Alegre.
El vicegobernador de la región, Gabriel Souza, visiblemente afectado, sacude la cabeza frente a las cámaras de televisión.
La alerta es máxima por una nueva crecida en el Valle del Taquari y en la Gran Porto Alegre.
El temor es principalmente por el llamado ‘repique’, un rebote del nivel de las aguas, que podría llegar más allá de los cinco metros y medio registrados en los últimos días. Este lunes, a las 6 de la mañana, el Guaíba había vuelto a alcanzar los 4,75 metros y nueve de los diez puntos monitoreados por la Protección Civil están por encima del nivel de desbordamiento.
Las inundaciones han afectado a 21 millones de personas en 447 ciudades, en un estado donde vive el 40% de descendientes italianos, sobre todo venecianos, friulanos, lombardos y calabreses.
«Ya no hay caminos para volver a casa», dice a ANSA un habitante de Caxias do Sul, aterrizado en San Pablo al regresar después de unas vacaciones en Padua.
En las últimas horas, una nueva creciente del río Caí ha provocado el colapso del puente sobre el río entre los municipios de Caxias do Sul y Nova Petrópolis.
Un desastre que se suma al parte de guerra de las infraestructuras ya fuera de servicio: al menos 170. El riesgo de deslizamientos es alto, mientras que en Caxias do Sul se reportan movimientos del terreno.
Con 619.484 personas desplazadas y muchas más atrapadas en hogares sin luz ni agua, la Cruz Roja ha lanzado un llamado de ayuda. En el estado considerado el cuarto motor económico de Brasil ahora falta de todo, empezando por agua potable y provisiones alimenticias.
El país está completamente movilizado con donaciones y rescates. La ayuda ya ha llegado también del extranjero, desde Estados Unidos hasta Argentina, que ha enviado sus Cascos Blancos, mientras que el presidente Lula ha pospuesto su previsto viaje a Chile.
El jefe de Estado se ha quedado en el Palacio del Planalto para seguir la evolución de la situación, convocando una reunión con todos los ministros para discutir sobre la catástrofe en Rio Grande do Sul y para participar en la reunión de su responsable de Finanzas, Fernando Haddad, con el gobernador del estado martirizado, Eduardo Leite.
En el orden del día están la renegociación de la deuda de la región y la reconstrucción, después del anuncio de una primera asignación.
Mientras tanto, emergen los relatos de los italianos que han escapado al drama. «Queríamos ir a visitar Gramado, pero nos encontramos en el desastre de la inundación en Porto Alegre.
Fueron horas de preocupación y confusión, pero gracias a la solidaridad de los brasileños y a la ayuda del cónsul Valerio Caruso, logramos ponernos a salvo», cuenta a ANSA Antonio Pantaleo, profesor universitario de Bari, destacado en la Comisión Europea en Bruselas, donde se ocupa de tecnologías para el cambio climático.
«Es una tragedia que podría haberse previsto y gestionado mejor», explica. «Un informe de la Universidad de Porto Alegre había advertido del peligro». © ANSA.














