Por Luis Lorenzo. Antes de comenzar con el siguiente artículo, pido disculpas por no hacerles llegar el comentario de la Final entre Argentina-Chile, debido a que mis estados de ánimo se verán reflejados en la siguiente editorial.
El último penal pateado por Chile, significó la «alegría» de la Selección transandina y la «tristeza» del seleccionado argentino.
Por supuesto que ha sido un dolor colectivo, ya que los más adictos a este deporte (todos), esperábamos la tán ansiada Copa América, cuyo último título que se ganó en 1993. Sí, y no exageré: en 1993.
Quitándome la vestiduras de periodista, dolió en el alma no poder gritar campeón tras la extraordinaria campaña en el Mundial de Brasil. Pero, ¿por qué no he sido duro y/o crítico en aquella oportunidad?. Simplemente, porque una enorme generación de argentinos esperamos 24 años para volver a ver a nuestro país en una final del Mundo.
En lo personal, soy de la generación considerados como «hijos de la Democracia» (1983, 1984 -en mi caso-), y éramos bebés cuando una tarde de junio, Diego Maradona paralizó a todo un país en aquel Estadio Azteca gambeteando a cinco ingleses, para luego ser campeones.
Cuatro años más tarde vivimos en nuestra infancia a otro Diego: completamente con el tobillo a más no poder, y sin embargo jamás se quejó decidiendo ponerse el equipo «al hombro», pelearla hasta el final. Fué en ese Italia ’90 que aún se recuerdan tres cosas: la canción más bella de los mundiales (hasta la actualidad), la increíble magia del «10» y darle el pase-gol a Caniggia frente al clásico rival Brasil, y la Final del que todo el pueblo se sintió estafado (N de R: hasta algunas semanas atrás se descubrieron nuevos casos del «FIFA Gate», Grondona, y dicho campeonato).
Los años fueron pasando, y mucha agua se corrió hasta entonces. Con un recambio, la Selección cambió su imagen, su estilo. Estába listo para emprender lo que se venía. Se consagró bicampeón de América en Chile ’91 y Ecuador ’93.
Sin embargo la tormenta se aproximaba en esa tarde negra de septiembre, cuando Argentina cayó 5 a 0 frente a Colombia en la cancha de River. Fué un golpazo al hincha, y con un pie y 3/4 fuera de Estados Unidos ’94. Un mes y medio después, conseguía su pasaje para el Mundial.
Luego fuimos testigos de aquella tarde de la médica rubia, que se llevaba a Maradona a los vestuarios. Era el principio del final. En ese transcurso seguimos penando y cuando todo era gris y nebuloso para la Mayor, nos volcamos a esos juveniles, los «Pibes de José». Qatar ’95 y Malasia ’97, fueron el premio consuelo, de una sequía que prosiguió hasta con la Medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta ’96 (también con robo, frente a Nigeria).
Francia ’98 trajo una nueva generación. Era la «Selección de Europa»: López, Batistuta, Roa, Ortega, Chamot, Simeone, Almeyda, Crespo. Lo hermoso de aquel Mundial, fué ganarle a Inglaterra, y con un Obelisco repleto de felicidad. En cuartos, se volvió a casa.
Entramos en el nuevo milenio y el Mundial Juvenil Argentina 2001, era la excusa de nuevo para ser los mejores del Mundo. Fueron tardes inolvidables en el que disfrutamos de un equipo que lo gano de principio a fin, en un país que meses después, se vió desplomado como nunca antes en la historia.
El campeonato de Japón y Korea del 2002, sería nuestra bendición y asi curar la malaria que veníamos soportando. Cuando se le ganó a Nigeria en el primer partido, todos salimos a las calles (en plena madrugada), a desahogarnos y lloramos todos de alegría, como para salir adelante. Sin embargo, fué todo un fracaso y sorpresivamente quedó eliminada en primera ronda.
Con José, volvimos a creer, soñar, confiar. Era la etapa de «Pibes» (viejos y nuevos). La ilusión quedó sepultada en cuartos contra el dueño de casa (Alemania 2006). (¿se le regaló también esta fase a los germanos?. Sí…). Entre tanto, subcampeones de América y una Medalla de Oro en Atenas 2004. En 2007 y 2008 se repetía: subcampeonato de América, y Oro en Beijing 2008).
Pero aquí nacía la «Era Messi» (bicampeón Mundial Sub 20 Holanda 2005 y Canadá 2007), hasta nuestros días…
Lamentablemente duele en el alma criticar a los jugadores, pero deben tener en cuenta que la camiseta no se mancha con mugre (corrupción), y sí con otro tipo de manchas (sangre, sudor, y lágrimas).
Los más pequeños (menores de 12 años), hoy están tristes porque Messi, Mascherano, Di María, sus más queridos ídolos, sus referentes, no supieron estar a la altura de una gran responsabilidad como es una final.
Lamentablemente, esta final tenía que ser para Chile, y lo fué. Le quitaron una ilusión a un pueblo que esperaba salir a festejar. Como aquella jornada patria del 9 de julio, cuando se derrotó a Holanda en las semis. Todo un pueblo estuvo pendiente, y todo un pueblo revivió una fiesta que no se vivía como en Italia ’90.
La camiseta Argentina, se tiene que transpirar… Y compensen a toda la Nación que ya no quiere vivir de ilusiones.
Ojalá que asi sea…














