Después de semanas de feroces combates, las fuerzas de Kiev se retiraron de Lysychansk, el último bastión de la resistencia ucraniana en Lugansk, que junto con Donetsk forma la región oriental de Donbás.
Fue el propio ministro de Defensa de Moscú, Serghei Shoigu, quien le dijo al presidente ruso, Vladimir Putin, que las fuerzas rusas «conquistaron la ciudad de Lysychansk» y, en consecuencia, todo Lugansk.
Kiev trató de resistir hasta el final: el mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, acababa de responder que «todavía hay combates en las afueras de la ciudad» y que por el momento no era posible «decir que Lysychansk está bajo control ruso», cuando su ejército anunció la retirada de la ciudad, apenas una semana después de la caída de su gemelo Severodonetsk en la otra orilla del río Seversky Donets.
«Para proteger la vida de los defensores ucranianos, se tomó la decisión de retirarse», explicó el estado mayor en un comunicado, subrayando la superioridad en términos de número y equipamiento del enemigo.
Hablando con el primer ministro australiano, Anthony Albanese, en una visita a Kiev, Zelensky también admitió por primera vez que «existe el riesgo de que toda la región de Lugansk sea ocupada» por los rusos.
«Pero la situación puede cambiar cada día», prosiguió el líder ucraniano, quizás para animar a su pueblo y a su ejército, prometiendo que se está haciendo todo lo posible para acelerar el suministro de armas que darán a las fuerzas ucranianas la oportunidad de ejercer más presión sobre aquellas de Putin.
Pero incluso si se pierde Lugansk, la batalla por el Donbás aún no terminó, aseguró Kiev.
Hay «otras grandes ciudades, sobre todo en la región de Donetsk», que siguen bajo el control de las fuerzas armadas ucranianas, a pesar de haber sufrido «en los últimos dos días fuertes ataques con cohetes y bombardeos de artillería», dijo el portavoz del Ministerio de Defensa ucraniano Yuriy Sak.
Una de ellas es Sloviansk que, con la vecina Kramatorsk, representa el próximo objetivo de Moscú: los rusos la bombardearon en las últimas horas, provocando al menos 6 muertos y 15 heridos.
«Fue el bombardeo más masivo de Sloviansk en los últimos tiempos», escribió el alcalde Vadym Lyakh en Facebook.
Por su parte, Rusia dijo que había atacado «una base de mercenarios extranjeros» cerca de Mykolaiv, en el sur de Ucrania, matando a «120 soldados improvisados». Y denunció «un ataque deliberado contra la población civil rusa», con «misiles balísticos Tochka-U con munición de racimo y drones Tu-143 Reis» lanzados desde territorio ucraniano sobre las ciudades rusas de Kursk y Belgorod, con al menos tres muertos, cuatro heridos y decenas de casas y condominios dañados.
En tanto continúa también la guerra del trigo.
El barco ruso, que zarpó el 30 de junio del puerto ocupado de Berdyansk con miles de toneladas de «grano robado a los ucranianos y con destino a países amigos de Moscú», está estacionado desde el 1ro de julio frente al puerto turco de Karasu, como confirmó también el sitio de monitoreo de Tráfico Marítimo.
Kiev aseguró que el cargamento fue incautado por Turquía tras una solicitud específica de su embajador en Ankara, mientras que en la versión de la agencia de noticias rusa Tass, que cita una fuente en el puerto, el barco solo espera las autorizaciones de las autoridades turcas para entrar en el puerto y ser descargado.
Por otra parte, en Lugano se inaugurará la conferencia internacional sobre la futura reconstrucción de Ucrania, tanto sobre el plano económico como de infraestructuras, en presencia de 36 países y 13 organizaciones internacionales.
«Una oportunidad para los estados y las empresas extranjeras», aseguró Zelensky. (ANSA).














