Un medio de comunicación ruso especializado en artículos de investigación, Proekt, puntualiza que el presidente ruso sufriría de cáncer de tiroides.
Paseos a caballo por los bosques, partidos de hockey, inmersiones en agua helada en la Epifanía ortodoxa: la exhibición de la destreza física fue siempre una conocida característica de la presidencia de Vladimir Putin, en decidido contraste con sus predecesores en el Kremlin, desde Stalin a Yeltsin.
Una imagen que comenzó también a hacer ruido con las versiones sobre presuntas enfermedades y trastornos mentales hechas circular por los servicios secretos occidentales desde el comienzo de la invasión a Ucrania.
Y ahora relanzadas por este medio de comunicación ruso independiente Proekt.
El Kremlin desmintió categóricamente las versiones. Incluso Proekt, prohibido el pasado verano, pero todavía disponible en Rusia mediante los sistemas VPN, basa sus afirmaciones en documentos que demuestran que Putin está constantemente acompañado en sus traslados por el país, y en particular en los momentos de reposo en Sochi, sobre el Mar Negro, por un nutrido equipo médico.
Y de este equipo formaría parte un cirujano oncológico, Evgeni Selivanov, autor, entre otros, de un estudio acerca del diagnóstico del tumor en la tiroides. En los últimos cuatro años, Selivanov habría visitado Sochi para ver a Putin unas 35 veces. Más asiduo que él solo un cirujano otorrinolaringólogo, Alexei Shcheglov, que se habría reunido con el jefe del Kremlin unas 59 veces.
Los supuestos problemas de salud de Putin -que el 7 de octubre cumplirá 70 años- fueron evocados por fuentes estadounidenses y europeas que buscaron explicar la imprevista decisión de atacar Ucrania con una presunta inestabilidad debida a los medicamentos que debe tomar.
Algunos hablan, en cambio, de dificultades para mantener contacto con la realidad, citando el férreo aislamiento al que se sometió desde el inicio de la pandemia de Covid. «El presidente Putin no es más aquella fuerza que era, ahora es un hombre enjaulado, la jaula que se construyó él mismo», dijo el ministro británico de Defensa, Ben Wallace.
Mientras tantos, fuentes que pidieron no ser identificadas, en los comandos militares estadounidenses, citadas por el New York Times, afirman que Putin está desconectado de la realidad de lo que sucede en Ucrania simplemente porque esta guerra no es seguida por un único comandante en el terreno y, por consiguiente, no existe aquel rápido y eficaz intercambio de informaciones entre las tropas en el terreno y Moscú que sería necesario.
Según Proekt, las versiones sobre problemas de salud del presidente comenzaron a circular en los ambientes médicos moscovitas ya desde el pasado otoño, alimentadas por la atención casi maníaca puesta de manifiesto por el staff presidencial en tener a Putin físicamente aislado.
Desde el comienzo de su presidencia, cuando tenía 47 años, las noticias sobre la salud del jefe del Kremlin eran mantenidas en secreto. La única admisión viene del propio presidente el año pasado, cuando comentó haber sufrido problemas en la espalda por una caída del caballo.
Justamente este problema, sugiere Proekt, podría estar ligado a una operación que Putin se sometió a fines de noviembre de 2016, cuando 12 médicos visitaron Sochi, entre ellos, un grupo de neurocirujanos encabezados por Oleg Myshkin, y un especialista en rehabilitación.
En el pasado, escribe el medio de comunicación, Putin manifestó simpatía por la medicina alternativa. En particular, parece que se sometió además a baños en agua en los que eran inmersos cuernos no todavía osificados de ciervo de la región de Altai, a los cuales la tradición popular atribuye efectos curativos.
Y ello, no obstante, la presencia, en su familia, de diversos médicos, entre ellos su hija mayor Maria. Habría sido solo la aparición de una seria patología, afirma Proekt, lo que convenció al presidente en volver a poner su confianza en especialistas médicos. Y serían no menos de nueve, según Proekt, aquellos que ahora lo siguen constantemente. (ANSA).














