(ANSA) – WASHINGTON, 23 FEB – La invasión a gran escala por parte de Rusia podría comenzar «dentro de 48 horas» y Ucrania se prepara movilizando a sus reservistas.
Ante la nueva alerta de la inteligencia estadounidense, según la cual el 80% de las tropas moscovitas en las puertas de Ucrania está lista para la acción, el presidente de Ucrania, Volodimyr Zelensky, firmó un decreto para llamar urgentemente a los militares en licencia entre los 18 y 60 años, un potencial de alrededor de 200 mil unidades. Un desafío a Vladimir Putin acompañado de la preparación de un estado de emergencia por 30 días.
Según los servicios de inteligencia de Estados Unidos hay entre 170 y 190 mil soldados, algunos apenas a sólo cinco kilómetros de la frontera, y un arsenal que va desde misiles balísticos y de crucero a artillería.
«Llegó el momento de reaccionar, de reaccionar con fuerza», porque «el destino de Europa se decide sobre el terreno en Ucrania», anunció el líder de Kiev, relanzando las ambiciones de adhesión a la UE y la OTAN.
Un punto en el que el Kremlin no retrocede, definiendo los intereses y la seguridad de Rusia como «no negociables», aunque sigue diciendo que está «abierto al diálogo» y dispuesto a discutir «soluciones diplomáticas» a la crisis.
Mientras Ucrania ve acercarse el espectro del conflicto e invita a sus ciudadanos a abandonar «inmediatamente» Rusia, tras el reconocimiento por parte de Moscú de las repúblicas separatistas de Lugansk y Donetsk en el Donbás, con fronteras ampliadas con respecto a porciones de territorio actualmente en manos de los prorrusos y una sigilosa ciberguerra que lleva semanas causando estragos, que ahora llegó a sabotear algunas de las principales webs institucionales.
Las páginas del Parlamento ucraniano, la Rada, el Ministerio de Relaciones Exteriores e incluso los servicios de seguridad, junto con muchos otros, terminaron bajo el ataque de piratas informáticos.
El frente de la OTAN continúa en tanto haciendo sonar las alarmas («Putin está trasladando fuerzas y tanques adicionales a los territorios ocupados de Donbás», denunció el primer ministro letón, Arturs Krisjanis Karins) y reforzando las defensas en caso de una nueva escalada militar.
Y fue en Letonia donde el Pentágono decidió enviar esta semana a 800 soldados de la brigada aerotransportada 173/a USAF estacionada en Vicenza. También se esperan en el flanco este de la Alianza a ocho aviones cazas F-35 y 20 helicópteros de ataque Apache de Alemania, mientras que 12 helicópteros del mismo tipo se trasladarán de Grecia a Polonia.
Según la inteligencia estadounidense, las fuerzas de «mantenimiento de la paz» enviadas desde Moscú al Donbás ascienden actualmente a uno o dos batallones tácticos de unos 800 hombres cada uno.
Pero sobre el terreno se multiplican las señalizaciones de convoyes con equipamiento militar sin insignias visibles -como los utilizados en Crimea en 2014- que transportarían tanques y vehículos blindados de asalto, mientras que el periódico Bild informó de unos 300 vehículos militares de las fuerzas especiales Spetznaz sin distintivo directo hacia las zonas fronterizas.
Los líderes separatistas, sin embargo, siguen negando planes de ataque.
«La presencia de tropas rusas en el Donbás -aseguró el líder de Donetsk, Denis Pushilin- sólo sería posible en caso de una ofensiva de Kiev».
Las consultas entre las cancillerías son constantes. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, volvió a invocar el respeto a los «principios de la Carta de la ONU», mientras la movilización de los líderes occidentales sigue siendo fuerte, con dos citas al más alto nivel este jueves: el G7 digital por la tarde, seguida por la noche de una cumbre extraordinaria en presencia de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE en Bruselas.
Y mientras el presidente estadounidense, Joe Biden, anuncia sanciones contra los líderes del gasoducto Nord Stream 2, recién bloqueado por Berlín, el paquete de medidas europeas contra Moscú entrará en vigor en estas horas y podría ir acompañado próximamente de otras medidas, además de las ya promulgadas por Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Canadá y Japón.
Un marco en el que la vigilancia del Banco Central Europeo (BCE), temiendo contratiempos, comenzó con los controles para comprobar la situación de los bancos más expuestos hacia Rusia. (ANSA).














