El Papa pide recuperar la fuerza de un humanismo fraterno y solidario

En ocasión del 25º aniversario de la Pontificia Academia para la Vida, fundada por el papa san Juan Pablo II el 11 de febrero de 1994, el papa Francisco envió una carta a su presidente titulada “La comunidad humana”, publicada hoy por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El pontífice inicia su misiva señalando que “la comunidad humana fue el sueño de Dios desde antes de la creación del mundo” y agrega: “La gran familia de la humanidad se reconoce a sí misma en el misterio de la generación”.

Al respecto el pontífice indica que “necesitamos ser cada vez más conscientes de nuestro común origen en la creación y el amor de Dios” y “restaurar la evidencia de esta pasión de Dios por la criatura humana y su mundo”.

Seguidamente Francisco señala que “en nuestro tiempo, la Iglesia está llamada a relanzar vigorosamente el humanismo de la vida que surge de esta pasión de Dios por la criatura humana. El compromiso para comprender, promover y defender la vida de todo ser humano toma su impulso de este amor incondicional de Dios”.

El Santo Padre recordó que esta pasión animó la actividad de la Pontificia Academia para la Vida “desde su fundación hace veinticinco años, por san Juan Pablo II, siguiendo la recomendación del siervo de Dios y gran científico Jérôme Lejeune”, quien “consideró oportuno sostener un compromiso más estructurado y orgánico en este frente”. Y fue de esta manera –continúa la carta del pontífice –“que la Academia pudo desarrollar iniciativas de estudio, formación e información para que quede de manifiesto que la ciencia y la técnica, puestas al servicio de la persona humana y de sus derechos fundamentales, contribuyen al bien integral del hombre y a la realización del proyecto divino de salvación”.

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Esta “pasión por lo humano” encuentra en este momento de la historia serias dificultades”, prosigue la carta, que pone en evidencia “la desconfianza recíproca entre los individuos y entre los pueblos” que “se alimenta de una búsqueda desmesurada de los propios intereses y de una competencia exasperada, no exenta de violencia”.

“La distancia entre la obsesión por el propio bienestar y la felicidad compartida de la humanidad se amplía hasta tal punto que da la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana”.

Degradación espiritual y progreso tecnológico
Esta emergencia revela una paradoja, dice el Papa, y se pregunta por qué cuando los recursos económicos y tecnológicos “nos permitirían cuidar suficientemente de la casa común y de la familia humana”- , y señala que son precisamente ellos los que provocan “nuestras divisiones más agresivas y nuestras peores pesadillas”.

“Debemos preguntarnos seriamente –escribe- si hemos hecho lo suficiente para dar nuestra contribución específica como cristianos a una visión de lo humano que es capaz de sostener la unidad de la familia de los pueblos en las condiciones políticas y culturales actuales”.

“El pueblo cristiano, haciendo suyo el grito de sufrimiento de los pueblos, debe reaccionar ante los espíritus negativos que fomentan la división, la indiferencia y la hostilidad. Tiene que hacerlo no solo por sí mismo, sino por todos”.

Hacia un humanismo fraterno y solidario
Francisco advierte que “es hora de relanzar una nueva visión de un humanismo fraterno y solidario de las personas y de los pueblos”. La conciencia y los afectos de la criatura humana no son de ninguna manera impermeables ni insensibles a la fe y a las obras de esta fraternidad universal, porque “una cosa es resignarse a concebir la vida como una lucha contra antagonismos interminables, y otra cosa muy distinta es reconocer la familia humana como signo de la vitalidad de Dios Padre y promesa de un destino común para la redención de todo el amor que, ya desde ahora, la mantiene viva”.

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Al respecto “la comunidad científica de la Pontificia Academia para la Vida ha demostrado, en sus veinticinco años de historia, como precisamente desde esta perspectiva puede ofrecer su alta y calificada contribución. Prueba de ello es el compromiso con la promoción y protección de la vida humana en todo su desarrollo, la denuncia del aborto y de la supresión de los enfermos como males gravísimos que contradicen el espíritu de vida y nos hunden en la anticultura de la muerte”, aseguró el Papa.

El pontífice pidió continuar en esta línea, pero “prestando atención a otros desafíos que la coyuntura contemporánea presenta para la maduración de la fe, para una comprensión más profunda de la misma y para una comunicación más adecuada a los hombres de hoy”.

“Debemos, ante todo, hacer nuestro el lenguaje y la historia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, incorporando el anuncio del Evangelio en la experiencia concreta, como el Concilio Vaticano II ya nos indicó con determinación. De esta manera, se evitará reducir la vida a un concepto puramente biológico o a una idea universal abstraída de las relaciones y de la historia”, subrayó.

En ese sentido, el Papa pidió a la Pontificia Academia para la Vida que “sea un lugar lleno de valentía de esta interacción y este diálogo al servicio del bien de todos. No tengan miedo de elaborar argumentos y lenguajes que puedan ser utilizados en un diálogo intercultural e interreligioso, asi como interdisciplinar. Participen en la reflexión sobre los derechos humanos, que son un punto central en la búsqueda de criterios universalmente compartidos”, animó.

“Debemos reconocer –escribe más adelante- que la fraternidad sigue siendo la promesa incumplida de la modernidad. La fuerza de la fraternidad, que la adoración a Dios en espíritu y verdad genera entre los humanos, es la nueva frontera del cristianismo”, indicó Francisco.

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Al finalizar, el Papa propuso inspirarse en el testimonio de San Francisco de Asís “con su capacidad de reconocerse como hermano de todas las criaturas terrenas y celestiales”, porque “son hermosos los pies de aquellos que llevan el anuncio gozoso del amor de Dios por la vida de cada uno y de todos los habitantes de la tierra”. Fuente: Agencia AICA.